Granada (石榴, ざくろ, zakuro). En pleno otoño, la granada se abre con fuerza en el paisaje, simbolizando la culminación del ciclo de crecimiento y la llegada de la madurez. El árbol del granado tiene su origen en Asia Central. De hojas caducas, es conocido por su aspecto áspero y nudoso, que contrasta maravillosamente con su fruto brillante y carnoso. Cuando la dura cáscara se rompe, la granada revela su interior, repleto de pequeñas joyas carmesí, brillantes y llenas de jugo, como si cada semilla encerrara el sabor del otoño. Este fruto, utilizado tanto para la contemplación estética como para la gastronomía, evoca una dulzura compleja, con un toque ácido y un matiz amargo, como el paso del tiempo.
El granado, desde su llegada a Japón, rápidamente encontró su lugar en jardines y parques. Con su flor roja o escarlata, que surge a mediados del año, y su fruto que madura en otoño, es un símbolo de transformación y abundancia.
Y para acompañar a esta descripción, os compartimos dos traducciones.
色艶のうごいて熟れし石榴かな – 鈴木花蓑
Con el cambio
del brillo y los colores,
madura la granada.
Hanamino Suzuki
En el haiku de Suzuki, vemos cómo la granada crece más rápido de lo que su gruesa piel puede abarcar, por lo que acaba rompiéndose y mostrando su perlado interior de un color mucho más rojo que cualquier atardecer de otoño.
ぼんやりと出で行く石榴割れしした – 西東三鬼
Muy despacio,
la granada, mientras crece,
se resquebraja.
Sanki Saitō
Mientras que en el haiku de Saitō, percibimos la imagen de la granada que madura en el otoño y está lista para comer a mitad de la estación. En este haiku, vemos cómo el proceso de maduración de la granada está acompañado por el cambio de los colores en el paisaje. Y no solo el color, sino también el brillo, donde todo se vuelve más apagado, más tenue, más otoñal.

Haikus de nuestro grupo creativo
Un tropezón…
Ruedan las granadas
gradas abajo.
-Myami Mong–
Cabe la duda de saber si esta imagen describe una vivencia de la poeta o la de alguien a quien mira en el precioso instante en el que captura este haiku. Las granadas, tras un tropezón, se escapan de las manos de su portadora y ruedan por el piso y caen por las escaleras. Quizá acaben estallando y marcando con su color intenso la superficie, o quizá solo quede en un pequeño susto… Sea como sea, el haiku detiene el tiempo en el rodar de la fruta.
En el frutero
tres granadas maduras,
llueve suavemente.
-Alfonso Portillo-
Las granadas maduras nos sitúan en un otoño avanzado de lluvia suave. La estación ha madurado con la fruta y deja atrás las tormentas repentinas del fin del verano. La lluvia suave nos invita a quedarnos en casa y la granada, a degustarla con el tiempo que requiere extraer su fruto. Poco a poco, quitando las pieles amargas de la granada, el poeta podrá degustar sus semillas al compás de la calmada lluvia.
Aclara el cielo
Por la grieta de la granada
se escurre la lluvia
–Idalberto Tamayo–
El cielo deja pasar los primeros rayos de luz tras la lluvia. En otoño, estos rayos de luz suelen acompañar a las últimas gotas que caen, mostrando algún arcoíris o haciendo brillas como perlas las gotas que se escurren sigilosas sobre la superficie hasta colgar, reflejando todo un mundo, al filo del abismo. En esta ocasión, la lluvia recorre las heridas de la granada que ha estallado en la rama.
中禅寺湖孤独な柘榴実るかな
En el lago Chūzenji
un granado solitario,
¿dará fruto?
–Francisco Barrios-
A las orillas del lago Chūzenji, en Nikkō, el poeta se percata del granado solitario. Es posible que el vaivén de sus hojas, mecidas por el viento, haya captado su atención. Aunque más allá de eso, la soledad es una emoción que nos golpea incluso aunque no nos afecte directamente. El poeta empatiza con el árbol, comprende su soledad y se pregunta si dará fruto.
Con el crepúsculo,
el rojo en la granada
se desvanece.
–Samuel Cruz–
La competición por el brillo, el color, e incluso la belleza, la podemos encontrar en todo momento en la naturaleza. Los colores se desdibujan en la noche, la mañana lo vuelve todo más gris hasta que el sol se alza, otorgando toda la belleza de los colores intensos. Pero el atardecer devora los amarillos, los rojos y los ocres; arrebatando la belleza de la granada hasta el nuevo cambio de luz, donde aún apagada, vuelve a destacar.
Además de estos haikus comentados, también queríamos destacar:
En aquel huerto
las granadas quebradas
por los zorzales
–Luly/Lu–
en la cocina,
rebosan las granadas
sobre el frutero
–Consuelo Orias–
Luce granada:
cristal enrojecido.
Y yo…, sin dientes.
–Pedro González González–
Viento cosecha
la ultima granada
Ahora en el lago
–George Goldberg–
Flores de otoño.
El monte de granados
se viste de rojo.
–Santiago Kō Ryū Luayza–
Recuerda que en la sección de Otoño de nuestro kiyose, puedes descubrir muchos más términos kigo que pueden servir de inspiración para tus haikus:
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