Aunque ya hemos abordado la definición de haiku en varias ocasiones, tanto en distintas plataformas como en los eventos que hemos convocado, nunca habíamos escrito una sección en nuestra página donde describiésemos qué es el haiku y cómo lo percibimos tras los años que llevamos recorriendo el camino, escribiendo haiku, traduciendo obras de autores y autoras japonesas y convocando un gran número de eventos e iniciativas creativas en torno a esta forma poética.

Quizá, dado que ya existen muchas páginas y sitios donde se pueden consultar distintas definiciones y propuestas para el haiku en español, no considerábamos necesario crear un espacio similar. Sin embargo, tras la alta participación en las últimas convocatorias que hemos organizado y el acercamiento, cada vez mayor, de perfiles más jóvenes y de poetas consagrados que intentan dar sus primeros pasos en la senda, pensamos que es necesario crear un espacio en el que podamos exponer nuestra visión del haiku en español y aclarar algunas cuestiones que se siguen a rajatabla y que, en nuestra opinión, son un obstáculo para la correcta comprensión y desarrollo de esta forma poética.

El haiku no es un poema de diecisiete sílabas organizadas en tres versos con métrica 5-7-5. Es mucho más.

Esto es lo que queremos exponer a continuación.

1. La naturaleza y nuestro vínculo con ella

El haiku es un poema que desciende del hokku (発句), un verso que, tradicionalmente, abría la secuencia de poemas encadenados (renga, 連歌) y que se utilizaba para dar el contexto en el que se iba a desarrollar dicha composición colectiva. Normalmente, esta introducción al poema la realizaba uno de los poetas más experimentados o que contaba con más respeto entre los presentes.

A modo de vínculo con el momento en el que se celebraba aquella composición en grupo, el maestro que iniciaba la actividad creativa componía un verso que solía hacer referencia a la estación en curso y, en ocasiones, también hacía un guiño al anfitrión del evento o se autodespreciaba simbólicamente. Con el tiempo, el hokku se fue desarrollando como poema autónomo, dotándolo de un peso poético claro y de una entidad literaria propia.

Es en ese origen y en la tradición poética japonesa donde el haiku se desarrolla como poema fuertemente ligado a la naturaleza y a la condición humana como parte de ella. Así, el haiku debe tener presente a la naturaleza y debe buscar en ella el elemento detonador de la emoción que nos conecta con el ciclo vital de las estaciones, lo cual nos permite vincular nuestra percepción y sensibilidad con la del resto del mundo.

El haiku no es poesía abstracta, busca reflejar lo concreto permitiendo siempre un espacio para la reflexión y la sugerencia. No te centres solo en hablar de lo bonito, todo tiene cabida en el haiku. Ten en cuenta, también, que la naturaleza es mucho más que flores y pájaros.

Muestra tu entorno, no lo expliques. Deja espacio a la ambigüedad y permítete sentir más allá de describir.

2. Sin juicios, ni moralejas o acertijos

Es frecuente encontrar algunos intentos de haiku en los que se busca la ocurrencia o el juicio sobre la imagen que se observa. En otras ocasiones se intenta escribir de forma que el lector pueda encontrar moraleja en el poema; incluso es frecuente observar, principalmente cuando viene acompañado de una imagen, versos que se parecen más a un acertijo.

¿Puede estar esto motivado por el ego poético? ¿Quién sabe?

A menudo, si nos dejamos llevar y buscamos sentirnos protagonistas de la escena, acabamos escribiendo versos que, aun pudiendo ser de una calidad poética superior, se alejan mucho de la esencia del haiku.

Es por esto que, si analizamos algunos trabajos críticos de haiku, podemos llegar a entender que el YO no tiene cabida en el haiku. Pero eso no es del todo así. Lo que no puede hacer el yo es comerse la escena. Esto es lo importante.

Algunos ejemplos de esto podrían ser los siguientes haikus:

長き日や目の疲れたる海の上 – 炭太祇
nagaki hi ya me no tsukaretaru umi no ue
Un día largo…
Mi mirada cansada
tendida en el mar.
Tan Taigi

La traducción realizada en este haiku incorpora el posesivo «mi» cuando el original habla únicamente de «mirada cansada/ojos cansados». No obstante, tras un día largo, ¿de quién iban a ser esos ojos cansados sino del mismo poeta? Es por eso que esta traducción tiene en cuenta ese matiz para destacar que el poeta puede formar parte del haiku, al igual que su estado de ánimo.

Lo mismo ocurre con la traducción que el maestro Fernando Rodríguez-Izquierdo hace de este haiku: «El largo día;/ se me cansan los ojos/mirando al mar». En esa interpretación, es mucho más intensa la presencia del poeta, ya que no solo describe esa acción de final del día, sino que quiere evocar una nostalgia y destacar una belleza adicional en el basto mar sugiriendo que la mirada se le cansa admirándolo.

荒野行く見に近づくや雲の峰 – 谷口 蕪村
kooya yuku mi ni chikazuku ya kumo no mine
Cruzando el páramo
vienen hacia mí:
cumbre de nubes.
Yosa Buson

De nuevo, aunque en el verso original no existe presencia explícita del sujeto (ni yo ni a mí) es evidente que sin poeta no puede existir percepción. Y aunque este poema pueda resultar fruto de una imagen evocada, la presencia del cuerpo, del poeta, se deja sentir. Por tanto, aquí también existe presencia del yo, existe perspectiva desde el yo en ese: viene hacia mí la cumbre de nubes. Por tanto, ¿qué sentido tiene desprenderse completamente del yo en nuestro versos?

Sin poeta, no hay poesía.

El haiku no busca enseñar nada ni ser una fuente de aprendizaje, refleja lo que pasa a nuestro alrededor sin opinar sobre ello. Pero esto no quiere decir que no podamos sentir sobre lo que ocurre, la emoción sí puede formar parte del haiku.

門を出れば我も行く人秋のくわ – 谷口 蕪村
mon wo dereba war emo yuku-hito aki no kure
Si cruzo el portón
seré un caminante más.
Ocaso de otoño.
Yosa Buson

Volvemos a un haiku del maestro Buson para reflejar es idea de que el haiku no busca enseñar nada, ni revelar una enseñanza. Solo describe aquello que ocurre y deja espacio para las emociones y perspectivas del poeta. En este caso, el maestro (o algún viajero) se halla en una morada mirando hacia la puerta, siendo consciente de que cuando salga por ella se convertirá en un viajero más, sin que eso implique una enseñanza espiritual. Es lo que hay porque es lo que ocurre, pasamos de un estado a otro, del cobijo de la posada, al amparo del camino. ¿Puede el lector profundizar más sobre cada verso y extraer de él alguna enseñanza? Por supuesto, eso es parte de la vida y una vía necesaria en la poesía. Sin embargo, no es algo que el poeta deba buscar al componer su obra.

Uno de los principales consejos que se suele dar para evitar que el poeta se aleje de la idea de haiku es evitar personificaciones, adjetivos innecesarios o dotar de humanidad al entorno. No es que no esté permitido, lo importante es la intención que se ponga cuando se escribe.

Si esos recursos se utilizan únicamente por una mera búsqueda de reconocimiento por parte del poeta o para engrandecer el ego de quien escribe, el haiku habrá nacido roto y acabará descomponiéndose con el tiempo. Sin embargo, hay veces en las que es evidente que el entorno se nos presenta de forma que solo una elevación poética y lírica puede atrapar. Es ahí cuando la poesía habla y el haiku admite algunos recursos poéticos.

Obviamente, a lo largo de la historia podemos encontrar diversas opiniones y habrá maestros que defiendan una cosa u otra. Incluso encontraremos maestros que han ido deambulando entre ambas inclinaciones para finalmente decantarse por una que les parece más cómoda y segura.

Lo importante en el haiku, al menos desde nuestro punto de vista, es evitar que el gran ego lírico de lo abstracto consuma la esencia del poema.

Un ejemplo de esto que hemos comentado hasta ahora lo podemos encontrar en un verso de Matsuo Bashō que Fernando Rodríguez-Izquierdo traduce de forma increíblemente bella:

この道や 行く人なしに 秋のくれ – 松尾芭蕉
kono michi ya yuku hito nashini aki no kure
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
Matsuo Bashō

Mientras que una traducción más literal podría ser

Este camino,
sin nadie que lo recorra.
Ocaso de otoño.

Entre ambas, podemos ver que una es más valiente y se aleja de lo aparentemente descriptivo para mostrar una situación en la que la soledad lo impregna todo. Rodríguez-Izquierda decide en su traducción dar protagonismo al crepúsculo y dotar de ciertas cualidades a la luz del ocaso para recorrer un camino que, si ya estaba desolado, ahora lo está aún más. En cambio, la versión que proponemos describe una escena de soledad en la que, inevitablemente, el poeta es el centro. Nada ni nadie recorre ese camino mientras el ocaso de otoño (ya sea el fin del día o fin de la estación) va arrebatándonos la poca luz que queda.

Es justo aquí donde nos encontramos ante la dualidad realismo/poesía.

¿Es posible ser realistas sin renunciar a la poesía? Por el contrario, también cabría la pregunta ¿se puede entregar todo a la poesía sin perder de vista el realismo?

La respuesta es una afirmación rotunda. La única recomendación que debes tener en mente es la honestidad para con lo que describes.

Si te dejas llevar por el ego poético, el haiku se descompone.

Es muy probable que, a poco que hayas leído sobre haiku en redes sociales, libros o en alguna página de internet especializada, hayas encontrado reflexiones que te hagan pensar que hay haikus clásicos de los que se han extraído enseñanzas o que parecen ocultar mensajes que solo algunos sabios son capaces de descifrar. Aquí quiero destacar algunas palabras de Masaoka Shiki (正岡子規) sobre el famoso haiku de la rana de Bashō:

«quizá el poeta solo estaba describiendo cómo la rana saltaba al viejo estanque y nada más».

No dejemos que el último verso del haiku, el nombre de autor/a que firma el poema, nos desvíe del camino y nos empuje a reflexionar sobre un fondo filosófico o espiritual que quizá no exista. Al igual que uno debe ser honesto cuando escribe, también debe ser honesto y sincero con lo que lee. Solo si para ti ese haiku tiene un destello de espiritualidad o puedes encontrar en él una enseñanza, eres libre de realizar dicha reflexión. Pero no la impongas, no fuerces al resto a pensar igual que tú. Porque la poesía, como esa ambigüedad cómplice, consiste en eso: leer, comprender y reflexionar.

La magia en la poesía surge cuando unas mismas palabras, sin pretenderlo, son capaces de despertar múltiples significados y abrir ante ti, también ante otras personas que lean el mismo verso, un sinfín de caminos por recorrer.

Por último, en cuanto a la escritura de haiku (y que guarda muchísimo peso en la forma y la intención) es que, cuando se intenta escribir haiku inspirado en una imagen que lo acompañe, se puede caer en el error de que el haiku no sirva sin la imagen. Esto es fácil de comprobar: si eliminas la imagen y el poema se parece a un acertijo, debes considerar reescribirlo. La imagen es un complemento opcional, no necesario.

3. Huye de enumeraciones: mejor una sola pausa.

Uno de los elementos clave del haiku es la pausa (o cesura), conocida como kire (切れ), que nos permite marcar el ritmo del poema y otorgar la debida importancia a los elementos que se describen. Es en la vacuidad del silencio donde el poeta, y también el lector, encuentran el espacio suficiente para dar vida a la escena y crear los vínculos entre los elementos que permiten reconstruir la realidad descrita. El kire no es una mera pausa, es la unión necesaria entre las dos ideas que dan sentido al poema. A estos silencios, pausas o tiempos de «espera», se les llama ma (間).

En japonés, existen palabras concretas para realizar dicha pausa, conocidas como kireji (切れ字) que, literalmente, se podría traducir como «palabras de corte».

Cabe destacar que no existe una relación directa entre estas palabras y una traducción concreta el español. Lo que sí es frecuente ver es que, dependiendo de cuáles encontremos en japonés, la traducción suele ser reemplazadas por dos puntos (:), un guion largo (—), puntos suspensivos (…), exclamaciones (¡!), interrogación (¿?)…

Los kireji más frecuentes que se suelen apreciar a simple vista en el haiku que nos llega traducido desde Japón son:

En realidad, el total de términos utilizados en poesía japonesa para marcar estas pausas (o vacíos) alcanza los dieciocho. No obstante, puesto que el ámbito de este ensayo es abordar la pausa interna para el haiku en español, tomaremos como referencia los antes citados porque son los que, directamente, pueden vincularse a pausas identificadas en lengua española.

Es cierto que hay autores y autoras que escriben haiku sin signos de puntuación alguno. Incluso hay quienes prescinden de mayúsculas buscando una equidad entre las letras y un flujo continuo que no desvíe la atención de lo realmente importante: el poema. De forma que, para identificar correctamente la pausa, si la hubiera, o para saber dónde detenernos para llenar el vacío con las imágenes que el verso genera, en ocasiones es necesario leer varias veces este poema a menos que las palabras utilizadas por el poeta generen un ritmo marcado a nivel interno.

En todo caso, recuerda que el exceso de pausa destruye el haiku (y la poesía en general). Tenlo muy presente porque es habitual encontrar versos que, en un intento de condensar la mayor información posible sobre una escena, acaban convirtiéndose en una lista similar a las que marcamos cuando vamos a hacer la compra:

Nubes
Canto de pájaros
Brisa fría

En el haiku, la estructura más común es la de la yuxtaposición o «enfrentamiento» de dos ideas. No se recomienda incluir más de dos ideas en un poema porque da la sensación de que se vuelve totalmente inconexo.

A esta técnica estética de yuxtaposición de dos ideas en el arte japonés, muy utilizada en el haiku, se la conoce como toriawase (取り合わせ). Es importante que las ideas se complementen y sumen. Describir tres elementos que vemos o sentimos ante nosotros rompe toda estética en el poema.

En español, nos apoyaríamos de los elementos descritos anteriormente para conseguir ese efecto de pausa:

No obstante, somos conscientes de lo complicado que es poder atrapar el verdadero significado de lo que se quiere transmitir con tan limitado número de palabras. Incluso, en ocasiones, algunas traducciones nos obligan a utilizar varios de estos elementos de pausa y conexión para ayudarnos a captar la naturaleza del poema original.

茸狩やゆんづる張って月既に – しづの女
takegari ya yunzuru hatte tsuki sude ni
Recogiendo setas—
cuerda de arco en tensión:
allí la luna.
Takeshita Shizuno

Este haiku de Shizunojo es interpretado por Sugita Hisajo en su obra «Saboreando el haiku femenino» de la siguiente forma:

[…]este poema presenta una expresión tensa, como la de un arco robusto. Yo no estoy muy familiarizada con la recolección de setas, pero ¿quizás describa el camino de regreso después de haber estado buscándolas de aquí para allá? Desde la sombra de la montaña frente a la protagonista, una luna tan tensa como la cuerda de un arco se ha elevado con nitidez.

Podría ser un ejemplo de cómo los signos de puntuación ayudan a crear esos vínculos que, de otra manera, tendríamos que apoyarlos en palabras que llenarían de lógica y razonamiento nuestro poema. Si analizamos las pausas en el haiku nos encontramos ante un primer kireji (や) que enfatiza la acción de recoger setas (茸狩). El resto del poema nos muestra una expresión que se refiere al tensado de la cuerda de un arco (ゆんづる張って) que continúa con «La luna, ya mismo/ahí…» De esa forma, ese pequeño salto en la expresión nos hace vincular la luna que aparece súbitamente con la idea del arco en tensión. Esto nos hace imaginarnos una media luna brillante, tan fina como la cuerda del arco, tan curva como el arco mismo. Esa relación la conseguimos con los dos puntos, aunque quizá para evitar esa puntuación adicional que pueda provocar una lectura a saltitos, hubiese sido más coherente utilizar un comparador para agilizar el ritmo, aunque esto supusiera un alejamiento del significado original.

De nuevo, volvemos a la recomendación: busca siempre una única pausa y trabaja en el ritmo interno del haiku.

4. El kigo: referencia a la estación y economía del lenguaje

Destacábamos en el primer apartado la relación con la naturaleza en el poema. Esa relación la encontramos en el kigo (季語), término estacional que nos permite identificar en qué momento del año ocurre la escena que nos describe el haiku. Este término es de vital importancia no solo por la ubicación temporal, sino porque cada una de estas expresiones ha ido evolucionando a lo largo de los años, adquiriendo un significado y un peso poético que nos permite, además, anticiparnos a lo que el poema nos muestra, e incluso intuir estados de ánimo que, sin ese conocimiento previo del significado propio del kigo, nos pasarían desapercibidos.

Así, para comprender correctamente un haiku es necesario tiempo de lectura y estudio. El poeta de haiku no solo lo escribe. Uno es haijin desde el primer momento en que lee un haiku y se esfuerza por comprenderlo.

La importancia del kigo en el haiku es vital y, aunque existen haikus que prescinden de esta expresión estacional, hay que considerar que el simbolismo propio de la poesía que se busca desterrar del haiku reside, concretamente, en esta expresión.

Tal es la importancia del kigo en el haiku que existen una amplia variedad de diccionarios que reúnen y catalogan expresiones estacionales por regiones, países e, incluso, épocas. Estos diccionarios están clasificados por estaciones y, para cada estación, siete categorías: animal, planta, celeste, terrestre, vida cotidiana, estacional y festividades.

Estos diccionarios reciben el nombre de saijiki (歳時記), siempre y cuando cada palabra venga acompañada de una breve explicación y algunos ejemplos de haiku. Si solo nos encontramos ante un glosario de términos estacionales (quizá más típico de almanaques dedicados al haiku) este recibe el nombre de kiyose (季寄せ).

Como habrás leído más arriba, solo la mitad de las categorías corresponden a elementos puramente externos de la naturaleza que no incluyen al humano. La otra mitad está llena de referencias a las personas, lo que eleva al haiku a una forma poética que va mucho más allá de la propia naturaleza. El haiku es una poesía que ocupa los vacíos creados por los ciclos que nos abordan, año tras año, estación tras estación, y nos hacen ser partícipes de un todo que nos arrastra y nos consume.

No es una poesía que trate sobre la linealidad de la vida, ni tiene sentido el haiku que capture un evento puntual en la historia como algo «natural» o «estacional» solo porque haya ocurrido durante uno de los veranos más calurosos de las últimas décadas o durante uno de los otoños más lluviosos desde que hay registros.

El desgaste que sufrimos, provocado por el entorno, tiene cabida en el haiku, pero no hay que perder de vista que somos parte de un ciclo que nos acuna, como olas próximas a la orilla. A veces con más fuerza, a veces con tal suavidad que nos hace sentirnos inmóviles.

El kigo es la evidencia de que hemos estado ahí y de que seguimos estando. Así, esa cigarra que canta, que no es la misma cigarra que nos cantó el año anterior, ni la que cantó a nuestros ancestros, es el símbolo de que el verano y su calor aprietan y nos hacen partícipes de su presencia. Somos, de nuevo, en esta linealidad vital que habitamos, unos meros espectadores del eterno canto de la cigarra.

Es importante que comiences a percibir este elemento en tu haiku como el núcleo que da sentido y que nos sitúa en el momento en el que ocurre la escena que intentamos atrapar.

En el ejemplo anterior de la cigarra, si incluyes este kigo en tu haiku, ya no sería necesario hablar de su sonido estridente, ni de su vida breve, ni del intenso calor de verano… La cigarra ya lo significa todo, de ahí la enorme importancia del uso correcto de estos términos.

En ocasiones, cuando se escribe haiku siguiendo la estética pura del shasei (el esbozo directo de la realidad, sin adorno alguno) se puede caer en el error de utilizar varios términos kigo en el mismo haiku.

¿Hay algún problema con esto? Depende.

Puesto que cada kigo guarda una esencia, tiene una historia y emana unas sensaciones muy particulares, utilizar términos kigo de distintas estaciones solo nos llevaría a una enorme confusión al leer el haiku. Esto es algo que puede pasar desapercibido para aquellas personas que acaban de comenzar a recorrer esta senda, o que no tienen mucho interés por profundizar en el kigo. Sin embargo, con cada nuevo haiku que se lee y con cada nueva sensación que cada kigo infunde en nosotros, poco a poco empieza a calar en nuestra actitud crítica la visión de que el kigo es la antesala a la realidad misma que muestra el haiku.

La presencia de dos o más términos estacionales en el mismo haiku recibe el nombre de kigasanari (季重なり). Así, una recomendación para evitar conflictos de sensaciones en tu poema es utilizar un único kigo. Pero si por las circunstancias te es inevitable utilizar varios, ten en cuenta la presencia de estos en el poema. El kigo que aparece primero suele ser el que cobra mayor importancia y el que impregna al poema con su esencia. Todo kigo que aparezca después suele ser secundario y sirve únicamente para enfatizar alguna emoción o sensación que se quiera transmitir.

Menos frecuente, aunque también se puede encontrar en algunos haikus que describen el paso del tiempo a través de las estaciones, es la presencia de kigos que nos hagan cambiar de estación.

Un ejemplo de esto sería:

枯枝に烏のとまりたるや秋の暮– 松尾芭蕉
kareeda ni karasu no tomaritaru ya aki no kure
En la rama seca
se ha posado un cuervo—
Tarde de otoño.
Matsuo Bashō

Destaca de este haiku de Bashō que podemos encontrar dos kigos. Empezamos con rama seca (枯枝, kareeda) cuya traducción también podría ser rama muerta o rama sin vida, un kigo que abarca todo el invierno y que ya nos prepara ante una imagen desoladora. Sin embargo, ante esa imagen propia de cualquier momento de invierno, el haiku termina con tarde de otoño (秋の暮, aki no kure). Esto nos lleva a pensar que el invierno se ha adelantado este año y, aunque nos encontremos recorriendo la luz de un atardecer de otoño, las ramas completamente deshojadas dejan a la vista la imponente silueta del cuervo.

El kigo es una herramienta muy útil para escribir haiku, pero tampoco es imprescindible. Tenlo muy presente. Sin embargo, recuerda que el haiku trata sobre ese paso del tiempo que nos hace formar parte de una rueda que no para de girar. Si no usas el kigo quizá te sea más complejo capturar ese ritmo del tiempo y esa profunda resonancia que te provoque tu entorno.

Cuando escribas haiku, intenta optimizar el lenguaje y dar espacio a otros muchos detalles que normalmente nos dejamos fuera porque nos perdemos en las redundancias.

5. ¿Nada de metáforas o lirismos complejos? Olvida la rima.

Es frecuente encontrar versos donde las florituras del lenguaje lo ocultan todo, creando un poema tan ambiguo e indescifrable que no nos permite aproximarnos a la realidad y, a veces, ni siquiera estar cerca de lo que el autor o autora quería transmitir cuando lo escribió. Es probable que esto se deba a que la enseñanza de la poesía se centra en recursos que priorizan el uso complejo del lenguaje: metáforas cuyo sentido queda en duda o explicaciones de versos tan volátiles como el humo. Este sinfín de variables hace que, a menudo, la mayoría de las personas renuncien al verso.

Ese mismo motivo es el que hace que muchas otras personas se acerquen al haiku. Su simplicidad y su lenguaje directo son los que nos permiten sentir la poesía como algo más humano y cercano, menos etéreo. El haiku no busca que el autor demuestre lo bien que escribe, sino que el lector pueda vivir y sentir lo que el poeta vivió y sintió.

Cuando muchos autores hablan de la desaparición del yo, en primera instancia hacen referencia a la ausencia total de esa huella que diga: aquí estuvo tal o cual poeta porque son habituales estos recursos. La senda del haiku nos debe llevar, de forma indudable, a esa desaparición en busca de nuestra propia voz. De nuevo, repito que no es necesario eliminar toda la referencia al poeta ni al protagonista de la escena. La realidad no existe si nadie la observa. Lo importante es que el poema no arrastre el ego poético ni los alardes de grandeza de quien lo escribió.

La estética del haiku viaja hacia lo descriptivo, a lo real. Hablar del cálido abrazo de la mañana, o el sonido afilado de una voz… puede ser propio de la poesía occidental, pero en el haiku no suele funcionar como pensamos.

Más allá de las metáforas (que suele ser la primera piedra con la que tropiezan muchos y muchas poetas consagradas cuando se inician en el haiku), debemos tener cuidado con las personificaciones, el hipérbaton, la sinestesia, la metonimia, el oxímoron, la alegoría…

Aunque si has estudiado el haiku de los maestros y maestras del pasado, te habrás percatado de que existen términos kigo como «el viento brilla», «balsa de flores» o «voz del otoño» (entre otros muchos), que provocan una sensación muy particular construida a través del tiempo y la poesía. Este simbolismo propio del kigo también es lirismo, pero es un lirismo fuertemente ligado a la naturaleza y a lo que ésta nos hace sentir.

Entonces, seguramente la pregunta que te estarás haciendo es: ¿se puede o no se puede usar la metáfora en el haiku?

Pues aquí la respuesta dependerá de a quién le preguntes y en el momento en que le preguntes. Dependiendo de la escuela de haiku o la corriente de haiku que siga, te dirá que es posible utilizar metáforas o que usarlas supondría una aberración.

En el haiku en español se ha intentado, desde sus comienzos, tener una relación muy pura con la idea clásica, tradicional, categórica (o cómo quieras llamarla) del haiku japonés: métrica fija, tres versos, nada de rima, representación de la realidad tal como es, que solo hable de la naturaleza, que no esté el yo, que no use metáforas, que no rime… Una definición de haiku que nos habla más de sus carencias que de sus virtudes.

Por tanto, aprovecho este momento para romper una lanza en favor del lirismo siempre y cuando no destruya la reconstrucción de la realidad.

Para poder visualizar esto que intento expresar, imagina en tu mente una densa nube de humo blanco que puedas manipular a tu antojo, darle las formas, colores, texturas y olores que quieras. Así, cuando lees un haiku, cada palabra de ese poema tomará tu nube y empezará a darle forma. Durante ese proceso de construcción dejará huecos para que tú los rellenes después, habrá espacios para que tu mente complete con las sensaciones que te recorran en ese momento. El haiku debe ser delicado y respetuoso con la nube poética del lector. Si las palabras no se usan de forma adecuada, si el ritmo se tropieza, si los lirismos son exagerados… esa nube se convierte en un papel frágil donde el poema solo se ve impreso tal cual nos entra por los ojos y nada más. Un papel que quedará hecho una pequeña pelotita en el olvido.

Si consigues cuidar esa nube poética y volcar en ella toda la realidad contenida en tu corazón en el momento de escribir ese haiku, da igual qué recursos utilices, qué métrica uses, qué kigo (o kigos) emplees… Si consigues darle forma, tu haiku será un gran haiku.

涼しさや鐘を離るゝ鐘の声 – 谷口蕪村
suzushisa ya kane wo hanaruru kane no koe
Qué frescura—
De la campana alejándose
la voz de la campana.
Yosa Buson

El poeta en este haiku describe el sonido de la campana como una voz, como algo melódico que, además, se puede ver alejarse. En su haiku nos invita a apreciar cómo las campanadas abandonan su origen para perderse en el cielo, entre las calles o a la sombra de los árboles de algún bosque lejano. La frescura es eso que nos eleva en un primer momento, ¿qué más da lo demás si esta sensación de fresco nos sobrecoge? Pero ahí viene el giro de realidad, la poesía misma abriéndose paso en el sonido tan material de esta campana.

Este haiku de Buson es un ejemplo de cómo emplear el lirismo para dibujar una realidad de forma tan certera como si la viésemos pintada en un cuadro.

Ahora, hablando de otro tema relacionado con la estructura del haiku y su ritmo, ¿por qué se dice que la rima no tiene cabida en el haiku?

Todo viene por el limitado número de sílabas que tiene el vocabulario japonés. Lo sencillo para ellos es utilizar palabras cuya terminación es similar, por lo que la rima es algo que se tiene casi garantizado. Así que, al igual que lo complicado en español es componer un buen poema con una rima correcta y que no suene pueril, lo complicado en la poesía japonesa sería evitar esa rima.

Personalmente, creo que un poema gana mucho más si la musicalidad surge desde el interior de los versos, palabra a palabra, que desde el golpe final del mismo. No obstante, esa musicalidad es un paso adicional en el largo y complejo recorrido de esta senda creativa, lo principal es buscar en nuestra forma de escribir y en la voz que vamos a ir formando en torno a nuestro haiku la forma de expresión más simple y directa, respetando la belleza del entorno y la enorme resonancia que éste provoca en nuestro interior.

6. Cuida el ritmo: persigue la musicalidad natural del lenguaje

Aprovechando lo descrito al final del apartado anterior, entramos de lleno en uno de los puntos que más conflicto genera para quien lleve poco tiempo escribiendo haiku o para quien lo escribe desde una perspectiva cerrada y occidentalizada. La métrica suele ser motivo de discusión entre quienes escriben haiku (o simplemente entre quienes solo leen haiku) hasta el punto de que, cuando se encuentran ante un haiku ajeno, cuentan las sílabas antes de leer el poema. Esto es ridículo.

El haiku es mucho más que una métrica fija (teikei, 定型). Gran parte de los haikus escritos en japonés a lo largo de los siglos no siguen el patrón estricto que en Occidente se ha aceptado a ciegas.

La forma fija 5-7-5 no es inamovible y obviarla ha permitido un desarrollo del haiku inmensurable. No tiene sentido etiquetar un haiku como «clásico» o «moderno» solo por su fidelidad a esa métrica. ¿Qué es el haiku clásico o moderno en español, si llevamos apenas un siglo escribiéndolo? Deja las etiquetas a un lado. Al final, sea moderno, antiguo o vanguardista, es haiku.

Antes de continuar este análisis y para sustentar las afirmaciones anteriores, voy a compartirte haikus de grandes maestros cuyo original excede las 17 moras (unidad de medida rítmica japonesa) y cuya traducción, obviamente por necesidad, también.

芭蕉野分して盥に雨を聞く夜かな – 松尾芭蕉
bashō nowaki shite tarai ni ame o kiku yo kana
Azota el tifón al bananero.
¡Qué noche, escuchando caer
la lluvia en la palangana!
Matsuo Bashō

Este haiku en japonés tiene 20 moras. Y la traducción, aunque es posible que se pueda simplificar o buscar una alternativa más próxima a las 17 sílabas, tiene 25 sílabas.

Otro ejemplo sería este haiku de:

花鳥美し葡萄はうるみ菖蒲濃く
kachō utsukushi budō wa urumi ayame koku
Pájaros y bellas flores.
Empañadas las uvas y
el denso lirio.
Sugita Hisajo

Lo interesante de este haiku, fuera de la métrica clásica, es que fue revisado por Takahama Kyoshi para componer la colección póstuma de Hisajo, donde lo hemos encontrado. Como Kyoshi fue un fiel defensor de un haiku de corte más clásico, destaca encontrar en esta colección poemas con más sílabas de lo considerado estándar. De forma que podemos deducir que el haiku va más allá de la métrica y del contar de sílabas.

Y es curioso que, ante la cantidad de elementos que pueden definir el haiku, existan poetas que se aferren tanto a la forma…

¿De dónde viene entonces esa estructura y por qué no tiene sentido mantenerla en otros idiomas? Aquí es donde entra en juego la propia naturaleza del lenguaje y la diferencia en el tiempo de pronunciación de cada sílaba (o mora, en japonés). No es lo mismo el tiempo que tardamos los hispanohablantes en pronunciar una sílaba que el que emplea un japonés. Esto se extrapola al número de unidades necesarias para crear una unidad de sentido «completa» para el oído en función de la lengua materna. Así lo recoge Konishi Jin’ichi en su obra History of Japanese Literature, donde indica que la estructura de doce unidades (el ritmo shichi-go) es la ideal para el oído japonés.

En cambio, si analizamos la lírica y las canciones en español, observamos que nuestra estructura natural para un verso es el octosílabo, aunque otras formas reconocidas prefieran versos más extensos, como el endecasílabo. ¿Cabría pensar que la extrapolación natural de la forma del haiku al español podría ser una estructura 8-11-8? Es algo que me he planteado durante años, especialmente teniendo en cuenta que en japonés no se usan determinantes y que, en español, omitirlos suele generar una sensación de ruptura en la fluidez de la lectura. Es por eso que en las traducciones realizadas antes con los haikus de Bashō e Hisajo el conteo de sílabas finales en la traducción haya superado al de moras en su versión original.

La forma no determina el haiku.
La métrica no determina el haiku.

Lo que sí podríamos decir es que la estructura 5-7-5 es una buena referencia para no irnos por las ramas. Es una buena referencia para aprender y para empezar a recorrer el camino. Pero no es una condición necesaria e inamovible para componer haiku.

Algunos autores y autoras sostienen que, si rompen esa estructura, escribir haiku es muy fácil. Pues bien, hagámoslo fácil. El haiku no es un poema cuya naturaleza busque complicarnos la existencia. Su función es la expresión en su forma más pura. Nadie sabe cuántas sílabas va a necesitar cuando una escena le conmueve . ¿Puede pulir su verso después? Por supuesto, cada poeta tiene el deber de cuidar y mejorar siempre sus poemas.

Es común leer argumentos de poetas occidentales que dicen algo como: ¿entonces, también permitimos cambiar la estructura del soneto?

En occidente necesitamos que nos midan, nos etiqueten, nos clasifiquen y nos enumeren cada una de las características que distingan cada tipo de poema. Y una herramienta indiscutible que se usa es la métrica porque toda la poesía occidental está clasificada en torno a eso. Sin embargo, tras años de estudio, hemos podido comprender que en Japón no es así. Más allá de la estructura está la esencia. Para que te hagas una idea, tanto el senryū, el zappai, el jisei, entre otros, tienen en común la métrica. Pero se diferencian por su contenido, por su intención y por su naturaleza interna.

Una definición de haiku que rompe con las típicas formas occidentales de descripción podría ser:

El haiku es un poema breve que atrapa un evento que nos estremece y que crea un nexo de unión con nuestro entorno a través del tiempo.

A partir de ahí, céntrate en cuidar la forma de tu poema.
Estéticamente, por simetría y ritmo, parece que atrae más la forma:

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Pero cualquier otra forma está aceptada siempre y cuando tu poema tenga sabor a haiku, lo que se conoce como haimi (俳味).

En japonés, existe un término para el haiku que no sigue una métrica fija: jiyuritsu haiku (自由律俳句, haiku de metro libre). Donde autores como Ozaki Hōsai (尾崎 放哉) o Santōka Taneda (種田 山頭火) destacan por la gran cantidad de haikus escritos que renuncian a las 17 sílabas:

月夜の葦が折れとる – 尾崎放哉
tsukiyo no ashi ga oretoru
Noche de luna.
Una caña se ha roto.
Ozaki Hōsai

咳をしても一人 – 尾崎放哉
seki o shite mo hitori
Aun tosiendo
estoy solo.
Ozaki Hōsai

秋風の石を拾ふ – 種田山頭火
akikaze no ishi o hirou
Con viento de otoño
recojo una piedra.
Taneda Santōka

いちじくの葉かげあるおべんたうを持つてゐる 種田山頭火
ichijiku no hakage aru obentō o motte iru
A la sombra
de las hojas de la higuera
sostengo mi bento.
Taneda Santōka

Así, para referirnos a las formas que superan las 17 sílabas o que se quedan por debajo, tendríamos los siguientes términos:

Y en la dualidad entre estructura y ritmo interno, caben destacar los términos:

En cuanto a la lectura del español, ten en cuenta que el cambio de verso esconde una breve pausa, por lo que no cortes una frase con un artículo o preposición que nos obligue a mantener una tensión innecesaria.

7. Permítete dudar, crea comunidad

El haiku es un camino que recorremos juntos, por lo que, si alguna vez dudas, pregunta. No tiene nada de malo dudar sobre la forma, sobre el contenido o sobre la propia belleza de nuestros versos.

Nunca dudes de la emoción que te provoca un instante, ni de aquello que te conmueve. Nadie puede decirte qué debes sentir ante nada. Eso es algo que solo depende de ti. Pero sí puedes dudar sobre el lenguaje o sobre la estructura. Por eso, en una buena comunidad, es importante saber apreciar, antes de nada, qué sensaciones o emociones deposita el poeta en su haiku; solo tras ese paso debemos ayudar a mejorar el poema.

De nada sirven frases como «eso no es haiku» o «eso no se entiende», ni tampoco elogios vacíos como «es perfecto» o «un haiku inigualable», si no nos paramos a pensar en qué hay tras esos versos. Es muy posible que tras un «eso no es haiku» haya una mente cuadriculada que ha contado sílabas antes de leer el poema. También es posible que tras un «eso no se entiende» se oculte una mirada opaca, incapaz de sentir empatía. Lo mismo ocurre con los elogios desmedidos que no profundizan en la obra.

Una comunidad sana de haiku debe luchar (y sí, digo luchar) por mantener la armonía y el amor por esta forma poética; debe aportar soluciones y no crear problemas. Nadie nace sabiendo y cada persona recorre el camino al ritmo que puede. Así, en nuestra noble tarea de componer y seguir creando historia del haiku en español existe el deber de apoyar a quienes nos encontramos en el camino desde la comprensión y el respeto.

En ocasiones, la gente no quiere recibir consejos ni correcciones, y también está en nosotros comprender eso. Pero si alguien duda y expone abiertamente sus cuestiones, es nuestra responsabilidad compartir nuestras experiencias y sugerencias desde la generosidad.

Yo escribo hoy este artículo mientras recorro esta senda de aprendizaje. Es muy probable (por no decir que es seguro) que cuando vuelva a leerme dentro de unos años, mi visión del haiku haya cambiado, mi percepción de la poesía sea otra e, incluso, acabe no estando de acuerdo con lo que estoy exponiendo ahora. En todo caso, sí estoy convencido de que, a día de hoy, todo lo que he aprendido y visto en los más de diez certámenes organizados y decenas de miles de haikus en español leídos y analizados me ha permitido crear una visión global del panorama de haiku actual en nuestro idioma y de cómo se mueven la mayoría de las comunidades creativas de este género.

Sin embargo, todo fluye y todo cambia. Así que toca seguir aprendiendo, con humildad y determinación, sin aferrarse a nada, para que algún día exista un haiku en español con denominación de origen.

8. Escribe sin prisas

El haiku no es una carrera que busca una meta, es el camino mismo.

Da la sensación de que, al ser un poema breve, se puede escribir de forma tan rápida que nos permitiría componer uno tras otro sin siquiera pararnos a pensar en qué estamos haciendo.

Por lo general, si el haiku lo tienes en la punta de la lengua (o de los dedos, como es en este caso), es tu deber escribirlo. Pero si te encuentras ante un reto de escritura creativa o una idea que te ronda la mente, pero no sabes muy bien cómo abordarla, ahí es donde tienes que poner todos tus esfuerzos en trabajar el poema.

Trabajar el haiku no consiste únicamente en poner en palabras próximas a una métrica fija lo que te ronda la cabeza. Consiste en atrapar la esencia de la idea y crear un vínculo sobre el papel para que un futuro lector o lectora pueda conmoverse con lo mismo que tú. Capturar el instante en papel puede ser solo un segundo; escribir el poema ideal para ese instante puede llevar días de trabajo.

Cada poeta tiene sus tiempos de reposo y reflexión. Encuentra los tuyos y verás cómo tus haikus adquieren un color y un sabor únicos.

Y recuerda que tus haikus están siempre vivos. Si vuelves a un haiku escrito hace años, mi recomendación no es que lo modifiques si lo crees necesario. No hagas eso porque perderías la semilla que hizo brotar ese poema. Utiliza ese haiku antiguo como referencia para un nuevo haiku. Crea versiones de otras haikus, tuyos o de compañeras y compañeros. Ahí reside la clave para alcanzar tu propia voz.

9. Busca lo propio y lo local

Solemos encontrar japonismos en los haikus: el uso de expresiones o términos de los que nos apropiamos para decir lo mismo que podríamos expresar en nuestra propia lengua.

Seguro que habrás visto algún sakura en lugar de «cerezo» o «cerezos en flor». Cabe pensar que usar estos japonismos dota al haiku de un mayor acercamiento a Japón. Sin embargo, al lector lo desubica. Además, musicalmente, en nuestro idioma funciona mejor «cerezo» que sakura y, curiosamente, tienen el mismo número de sílabas. Por lo tanto, no existe una explicación técnica, sino una mera apropiación del término para intentar hacer más exótico el poema.

También es frecuente que nuestros haikus hablen de cosas que nunca hemos visto o que jamás hemos sentido. Este es un riesgo que puede desembocar en uno de los errores más catastróficos del haiku: la mentira.

Las traducciones pueden llevarnos a error al suponer que como vemos haikus en español de grandes maestros japoneses donde el traductor o traductora ha decidido dejar la romanización de alguna palabra para evitar traducirla, es lícito hacer lo mismo. Sin embargo, muchas veces estas licencias se toman por falta de vocabulario que permita reflejar lo que realmente representa ese término, o como “truco” para afinar la métrica.

Ejemplos de esto lo podemos encontrar en variedades de plantas o animales que, de ser traducidas, acabaríamos eligiendo una variedad más común en la región para la que se traduce o una expresión que podría llevar a error si solo nos limitamos al significado puro.

En el famoso haiku de Chiyo-ni en el que pide agua prestado al ver cómo la gloria de la mañana ha tomado el cubo del pozo podemos encontrar versiones donde se emplea directamente «gloria de la mañana» mientras que otras prefieren mantener asagao (朝顔). Otro ejemplo claro es el que hemos encontrado unos párrafos antes con el haiku de Taneda Santōka en el que sostiene su bento (o fiambrera) bajo la sombra de las hojas de la higuera. Aunque puede que sea más claro en haikus donde aparezcan los yamazakura (山桜) o los yozakura (夜桜), que se pueden traducir respectivamente como «cerezos de montaña» y «cerezo en la noche» pero cuyo significado acaba perdiéndose.

Los cerezos de montaña, por un lado, son una variedad concreta de cerezos que, al ser silvestres son más común encontrarlos en la montaña, pero eso no quiere decir que sea un cerezo que nació en una pendiente y ya está. Esta variedad, originaria de Japón, destaca porque hace brotar sus hojas casi al mismo tiempo que sus flores y su distribución en la naturaleza es mucho más dispersa lo que incrementa esa sensación de asombro. Por otro lado, los «cerezos en la noche» no hablan de cerezos en la penumbra del anochecer; hablan de la imagen casi fantasmal de sus pétalos iluminados por lamparitas o focos que los hacen destacar en contraste con la oscuridad del entorno, generando un aura de misterio que nos lleva al asombro.

Es por eso por lo que decíamos que el haiku requiere estudio. Ya no solo por comprender cada kigo que nos podamos encontrar, sino por la lectura entre líneas y las ideas que subyacen a algunos términos que, de no entenderlos, nos dejarían con una visión muy superficial del poema.

A pesar de todo, a la hora de escribir, la recomendación que hago es: céntrate en ti, en tu experiencia, en tu entorno y en tu circunstancia actual.

Sé lo más honesto posible en tu poesía. Deja para los demás lo de los demás.

10. No mientas en el haiku

Cuando decimos que el error más catastrófico del haiku es la mentira, no queremos decir que no puedas crear una escena basándote en la experiencia. Pero, por favor, no construyas escenas de fantasía donde una lagartija se exponga al intenso sol del invierno. Tampoco me hables de la flor de cerezo en el atardecer de otoño, ni de la rana que soporta el granizo.

Este tipo de imágenes, que en ocasiones suelen responder a la necesidad de describir o escribir bajo una fotografía o una escena idílica que busca retratar un mensaje de superación o de crueldad de la naturaleza, solo provocan rechazo en quien lee el verso.

Las mentiras se detectan, y cuanto más claras son, más rechazo provoca el poema.

Recuerda el símil de la nube poética a la que el haiku da forma: una mentira, disipa esa nube de forma inmediata.

El haiku debe ser un poema sincero y natural. De ahí que se suela decir que escribas haikus con los ojos de un niño (hay quien diría que escribas como si estuvieras borracho)… Sea como sea, escribe desde la más profunda sinceridad y la consciencia plena de lo que puede ser y de lo que no.

El haiku nace de ese asombro genuino, de un golpe conmovedor de realidad, del aware (哀れ). Sé fiel a eso, y tendrás un buen haiku.

Referencias y obras de interés

  1. Rodríguez-Izquierdo y Gavala, Fernando. El haiku japonés: Historia y traducción. 2.ª ed., Ediciones Hiperión, 1994.
  2. Haya, Vicente. Aware: Iniciación al haiku japonés. Editorial Kairós, 2013.
  3. Luayza, Santiago Kō Ryū. Haiku Do: Las fuentes de un Camino religioso. La senda del haiku, 2025.
  4. Hotaru. Edición de La senda del haiku, núms. 1-8, 2023-2025, https://lasendadelhaiku.com/hotaru/
  5. Masaoka, Shiki. Haikai Taiyō. Traducido por La senda del haiku, La senda del haiku, en preparación.
  6. Hekigotō, Kawahigashi. Compendio de la nueva tendencia. Traducido por La senda del haiku, La senda del haiku, en preparación.
  7. Keithly, Paige, Harold T. Edwards, y Angela N. Burda Riess. «Speech Breathing Patterns in Speakers of Different Native Languages». Perspectives on Gerontology, vol. 11, n.º 1, 2006, pp. 19-22. ASHAWire, https://doi.org/10.1044/gero11.1.19.
  8. Ota, Seiko, y Elena Gallego. Kigo. La palabra de estación en el haiku japonés. Ediciones Hiperión, 2013.
  9. Taneda, Santōka. El monje desnudo: 100 haikus. Traducido por Vicente Haya, Akiko Yamada y José Manuel Martín Portales, Miraguano Ediciones, 2006.
  10. Blyth, Reginald Horace. Haiku. Hokuseido Press, 1949-1952. 4 vols.
  11. Declaración de Matsuyama, 1999.
  12. Sekiguchi, Ryoko. Nagori: La nostalgia por la estación que termina. Periférica, 2023.

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