La luciérnaga (hotaru, 蛍, ほたる) es un kigo de verano que se encuentra en la subcategoría de animales y que se clasifica dentro de la subestación 芒種 Bōshu. En literatura japonesa la luciérnaga suele presentarse como una metáfora del amor y se vincula, según el budismo zen, a la brevedad de la vida.
En Japón, al igual que en primavera se tiene la tradición de buscar las flores, el hanami, y en otoño disfrutar del cambio de color de las hojas de los árboles, el momiji, en verano se solía salir a cazar luciérnagas (hotarugari, 蛍狩り) como una especie de juego o entretenimiento de la clase social más adinerada.
En la actualidad, cuando llega finales de junio y principios de julio, el lugar ideal para ver las luciérnagas son los lugares próximos a los ríos, donde aún hay hierba baja, y en los bosques próximos.
Como términos kigo relacionados, podemos encontrar jaula de luciérnaga, caza de luciérnaga y luciérnaga de otoño.
El brillo de las luciérnagas, cuando vuelan todas juntas, puede crear imágenes increíbles y que provocan un asombro digno de un buen haiku. Ese interés que despiertan las hace protagonistas de numerosos festivales que se celebran en Japón a lo largo del verano.
A modo de ejemplo, os compartimos algunos haikus que contienen el kigo luciérnaga:
草の葉を落るより飛蛍哉 – 芭蕉
Briznas de hierba
suspendidas en el aire.
¡Las luciérnagas!
-Matsuo Bashō-
人寝て蛍飛ぶなり蚊帳の中 – 正岡子規
Todos duermen.
Bajo la mosquitera
vuela una luciérnagas.
-Masaoka Shiki-

Haikus de nuestro grupo creativo
Estos son los haikus compartidos por nuestro grupo privado en Facebook en el que este kigo es protagonista.
Cerca del río
mientras cae la tarde,
las luciérnagas.
–Agustin Alberto Subirats–
Al caer la tarde, la luz de las luciérnagas se aprecia con mayor detalle. Es por eso que nuestro poeta, se asombra al descubrirlas, próximas al río, cuando el día llega a su fin, quizá el reflejo de las luciérnagas sobre el agua las duplique. Sea como sea, las luciérnagas ponen brillo a la noche.
Atentamente
observa el gato, la luz
de las luciérnagas
-Maria Garrido-
Los gatos son animales muy curiosos, tanto que, a veces, incluso se ponen en peligro con tal de descubrir o acercarse a acontecimientos que desconocen o le resultan desconocidos. Descubrir la luz de las luciérnagas debe ser algo mágica para cualquier persona, y más para quienes la vean por primera vez. Para un gato, en su enorme curiosidad, lo imagino absorto en esas pequeñas lucecitas que bailan a lo lejos, quizá, pensando en si saltar, o no, sobre ellas.
Tras el ocaso.
Entre la hierba mojada
salen luciérnagas.
–Slodowska Curie–
Otro haiku que nos lleva al final del día, cuando el sol se pone y la oscuridad es propia para percibir los pequeños brillos y detalles de la naturaleza. De pronto, entre hierba mojada, aparecen unas luciérnagas que bañan con su luz todo cuando alcanza la vista.
Dentro del frasco
brilla una luciérnaga
Niña encantada
–George Goldberg–
Atrapar luciérnagas es un juego de niñas y niños cuando se acerca el verano. Y no solo luciérnagas. En parques es muy frecuente verlos con sus cazamariposas buscando atrapar algún ejemplar interesante. En este caso, no es solo el brillo de la luciérnaga, sino verla brillar en un pequeño frasco quizá, antes de liberarla.
No sé si hay luz
en la mano del niño
o en la luciérnaga
–Samuel Cruz–
¿Qué es ese brillo que ilumina la mano del niño? Esa es la pregunta que aborda a nuestro poeta. Podría ser cualquier tipo de utensilio, juguete o… una luciérnaga que se posa en su mano.
Al igual que en el haiku anterior, en este también podemos percibir ese vínculo de las luciérnagas con el pasatiempo de cazar bichos en los más pequeños.
Y otros kigos de verano en:
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