La glicina (藤, ふじ, fuji) es una planta trepadora con flor proveniente de Asia. Es endémica de alguna de las regiones del continente y destaca por su espectacular y radiante color cuando florece, un color lila que se mezcla con algunos pétalos blancos. Al ser una planta trepadora, sus flores tienden a caer en forma de racimo, llegando a alcanzar los treinta centímetros.
Es una planta cuyas flores no pierden los pétalos, por lo que no podemos imaginar una lluvia de pétalos de glicina como se esperaría de las flores de cerezo o almendro.
Esta flor, está vinculada a la buena suerte y bienvenida, perfectas para aquellas personas que comienzan una nueva etapa o que buscan una señal para comenzar algo nuevo.
Así, no sorprende la gran sorpresa que se llevó Bashō cuando escribió el haiku que compartimos hace unos días y en el que se sobresaltaba, al interrumpir su descanso en la hierba para buscar una posada para pasar la noche:
草臥れて宿借るころや藤の花 – 松尾芭蕉
Tumbado en la hierba
pienso en buscar una posada
¡Oh, glicinas en flor!
–Matsuo Bashō–
En tema de haiku, la glicina es una flor de finales de primavera (晩春) por lo que se utilizará en poemas en los que el verano esté cada vez más próximo, pero aún queden por caer las últimas lluvias de la primavera.

Haikus de nuestro grupo creativo
Estos son los haikus compartidos por nuestro grupo privado en Facebook en el que este kigo es protagonista.
Tras la lluvia
el canto de la calandria,
entre las glicinas
–Alfonso Portillo de Gea–
Este ave pequeña permacene oculta a simple vista, pero su canto la delata. El autor no puede evitar alzar la vista para contemplar las glicinas tras la lluvia en busca, quizás, del origen del canto de la calandria que se cuela entre las flores.
Hoy, una vez más…
cascadas de glicinas.
Brilla el jardín.
–Slodowska Curie–
Un día más tenemos la suerte de poder seguir contemplando las cascadas de flores de glicina, que aún no se han marchitado y siguen brillando con fuerza en al jardín. De alguna forma, este haiku nos habla de esa esperanza de volver a encontrarnos con la belleza de las flores una vez más.
En mi nuevo hogar,
me reciben las flores
de la glicina.
–Garabatos Inconscientes–
Cambiar de casa es algo que puede provocarnos sentimientos encontrados. Por un lado, siempre está la ilusión de los nuevos comienzos, la emoción de todo lo que queda por llegar, pero también nos pesa el dejar atrás un hogar en el que hemos vivido todo hasta ahora. Sin embargo, todo se percibe de otra forma cuando una imagen bella te recibe en cada nueva etapa.
Glicina en flor
alrededor del camino,
cálida llovizna.
–Tomás Mielke–
Las fechas próximas al verano suelen venir acompañadas por lluvias ligeras que apenas refrescan el aire. Una llovizna cálida nos sorprende en este haiku mientras caminamos por una senda rodeada por glicinas en flor. ¿Será cálida la lluvia o es la sensación que nos provoca el dulce color de la flor de glicina?
Cuelgan glicinas
tal si fueran a sorber
agua del río.
–Jovita Briones Barbadillo–
Las glicinas trepan y se extienden allá a donde alcancen. En esta ocasión, el rió queda cubierto por densas glicinas cuyas flores caen de tal manera que casi rozan la superficie, como si pretendiesen beberse el agua. Un haiku que provoca ternura y muestra una imagen inocente del comportamiento de la naturaleza.
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