El kigo, es uno de los elementos básicos del haiku. Importante porque es el que nos sitúa en el momento concreto en el que ocurre la escena. Clave en el poema, porque supuso la eliminación de la prosa descriptiva que solía dar paso al waka en el pasado.
Se suelen agrupar en 5 grandes colecciones que corresponden a las 5 estaciones del haiku: primavera, verano, otoño, invierno y Año Nuevo. Y para cada una de ellas, se hace una división en estacional, celeste, terrestre, vida cotidiana, celebraciones, animales y plantas.
En nuestra página web encontrarás nuestro Kiyose, donde podrás buscar entre una lista de más de 500 términos kigo que, poco a poco y gracias a la comunidad literaria, iremos aumentando.
Así que hoy te proponemos algo distinto: ya que la primavera está muy próxima, te pedimos que elabores una lista de, al menos, tres términos kigo de primavera. Luego, elige uno de ellos y compón un haiku que lo incluya.
Como fuente de inspiración inspiración, te compartimos este grabado de Tokuriki Tomikichiro titulado «Ciruelo en el templo Kitano».

Kitano Tenmangū (北野天満宮) es uno de los santuarios más grandes e importantes de la ciudad de Kioto. Se encuentra al noroeste de la ciudad, muy próximo al Pabellón Dorado. Es un lugar muy visitado por estudiantes ya que alberga desde su creación a finales del siglo X a Sugawara no Michizane, maestro, poeta y político del período Heian. A este templo acuden cientos de estudiantes para pedir por sus estudios.
Como dato curioso, a ambos lados de la entrada principal hay sendas vacas de bronce cuyas cabezas y lomos relucen dorados y brillantes por la creencia de que acariciarlas trae éxito en los estudios.
Sugawara no Michizane, quién recibió el título póstumo de Karai Tenjin (Dios del Fuego y el Trueno) era un apasionado de los ciruelos, de ahí que en los jardines del santuario se encuentren plantados una gran cantidad de ellos. El título le fue otorgado debido a que en vida fue calumniado y exiliado a la isla de Kyushu, pero tras su muerte una serie de tormentas eléctricas y terremotos asolaron la capital y provocaron pérdidas considerables a esas personas que habían vertido calumnias sobre él. Eso hizo entender a los gobernantes de la época que su poderoso espíritu estaba furioso por el trato que había recibido y construyeron el santuario y le otorgaron el nombre de deidad para calmar sus ánimos.

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