La leyenda de Sakura y Yohiro

Una de las leyendas más populares de Japón, con ella conocemos, a través de una historia de amor y amistad, el origen de la floración de uno de los árboles más emblemáticos (y hermosos) del país: los cerezos. La he escrito con mucho cariño para vosotros, queridos lectores de Hotaru.

Fragmento del grabado de Asada Benji
titulado «Pagoda del templo Ninnaji»

Cuenta la leyenda que una vez, hace cientos de años, durante un tiempo de grandes guerras entre señores feudales, en cada rincón del país la guerra provocaba muerte y dolor. La tristeza y el tormento reinaban, ya que los periodos de paz eran casi inexistentes, y el país se tornaba cada vez más oscuro por todo cuanto acontecía.

No había terminado una guerra, cuando comenzaba otra.

Por aquel entonces, había un bosque repleto de preciosos árboles al que la guerra no podía llegar, un remanso de paz en la tempestad. En aquel lugar, el perfume de los árboles era el consuelo necesario para los desolados japoneses que sufrían tanto en su día a día. Por más luchas, peleas, batallas y combates que hubiera, ningún ejército se atrevía entrar en el bosque. La naturaleza, poderosa, mantenía la paz.

Los árboles florecían, cada uno a su tiempo, coloreando el paisaje. Todos, menos uno. Había en el bosque un árbol incapaz de florecer, su aspecto era triste y parecía medio seco, pero no lo estaba, tan solo era una especie de extrañeza en el grupo. Era el árbol diferente, el solitario; ni los animales eran capaces de acercarse, temerosos de que algún extraño mal o enfermedad tuviera lugar en él. Ni la yerba que crecía salvaje en el bosque crecía a su alrededor. Era el árbol más solo del mundo.

Una noche, un hada de los bosques que pasó a su lado se entristeció al verlo tan solo. Se detuvo junto a él y, aunque el árbol no parecía reaccionar, ella le habló y le habló.

Le dijo cuánto le gustaría verlo lleno de flores, siendo precioso, como sus compañeros árboles. También le aseguró que estaba dispuesta a ayudarle para que lo consiguiera. La propuesta que le hizo fue la siguiente: ella haría un hechizo gracias al que el árbol sentiría lo mismo que un corazón humano es capaz de sentir. Podría así, quizá, emocionarse, y eso, pensó el hada, le haría florecer. Además, si quería podría convertirse en ser humano y volver a ser árbol tantas veces como le apeteciera.

La única condición era que, si transcurrían veinte años y no lograba recuperar su brillo y color, moriría de inmediato.

El hada se despidió y lo dejó solo y pensativo.

En aquel momento, el árbol notó que era cierto, podía convertirse en ser humano y podía volver a ser un árbol cuando quisiera. Así que probó a quedarse unos años siendo un hombre, queriendo conocer las emociones humanas, pensando que estas le ayudarían en su propósito de volver a florecer. Pero estas vivencias fueron una decepción. Por más que buscaba, solo encontraba odio, guerra y desencuentros. Así que decidió volver a ser árbol de nuevo.

El tiempo fue pasando, el árbol seguía convirtiéndose en humano y árbol cada poco, pero no conseguía encontrar nada entre los humanos que lo liberara de su estado.

Hasta que una tarde en la que se acababa de convertir en humano, al caminar hasta un arroyo cristalino junto al que sentía mucha paz, encontró, justo en la orilla, una hermosísima muchacha. Se trataba de una joven que vivía en una aldea cercana y se llamaba Sakura (桜, “flor de cerezo”). Impresionado por su belleza, el árbol, con su aspecto y sus emociones humanas, se acercó prendado hasta ella.

Sakura no solo era bonita, tenía un don mucho más poderoso, era amable y siempre se preocupaba por los demás. Mantuvieron una conversación de lo más agradable aquel día, así que, el árbol hombre, quiso ayudarla a cargar con el agua que ella se proponía llevar hasta su casa.

Hablaron más por el camino; de la guerra, del mundo, del amor, de la amistad y la alegría, de las pequeñas cosas que daban grandeza y esperanza a la vida. Cuando Sakura le preguntó su nombre, antes de despedirse, el árbol, sin pensarlo, respondió: Yohiro (世比呂, “El mundo se compara con las seis notas de la escala musical cromática japonesa”).

Fragmento del grabado de Kasamatsu Shiro
titulado «Flores de cerezo en el Santuario Tôshôgû en Ueno»

Día tras día se encontraron junto al lago, y siguieron hablando mucho, compartiendo su tiempo; Sakura le enseñaba poemas, y los dos pasaban largo rato cantando. Llegaron a hacerse muy amigos. Esa amistad, poco a poco, se transformó en amor, del verdadero, y Yohiro decidió contarle a Sakura cuánto la amaba y también le quiso revelar que era un árbol que estaba a punto de morir. La joven, al escucharlo, se mantuvo en silencio, no fue capaz de responderle.

Cuando faltaban pocos días para que acabaran los veinte años del hechizo, Yohiro volvió a ser árbol de nuevo y, una mañana de uno de los que iban a ser sus últimos días de vida, Sakura apareció por sorpresa y lo abrazó, confesándole que también lo quería.

En ese momento, el hada del bosque apareció y le ofreció a Sakura la posibilidad de elegir. Podría seguir siendo humana y vivir la vida que conocía, o fundirse con el árbol. Sakura meditó un instante y a su mente llegaron las imágenes de la guerra y las de sus días con Yohiro. Así que escogió la música y el amor, se fundieron en uno y, por fin, aparecieron las flores de cerezo.

Desde aquel día, el amor de ambos colorea y perfuma los campos del Japón cada primavera.

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3 respuestas a «La leyenda de Sakura y Yohiro»

  1. Avatar de Rodolfo Lobo Molas
    Rodolfo Lobo Molas

    Hola amigo. Te estoy siguiendo desde hace varios meses, tratando de aprender sobre haikus, y habiendo leido algunos comentarios de gente que se supone entiende del tema como Masuda Goga y Los diez mandamientos del Haiku y desde luego coleccionando tus escritos en la Senda del Haiku. Me gustaría enviarte algunos como para que veas y me asesores, corrijas, enseñes en la medida de tus posiblidades. No quiero limitarme a la metrica 5-7-5 , sino que en ese formato ponerle alma y que guarde el sentido y estilo de los versos japoneses. Porque sería muy facil solo contar las sílabas. Quiero algo mas profundo, mas realmente haiku. Y no se tampoco cómo participar de las publicaciones periódicas. Por esto también quiero que me indiques como, donde, cuando se deben enviar. Carezco de la experiencia para este asunto, por ser nuevo en tus publicaciones y nuevo en este maravilloso género literario. Yo vengo de la poesía libre y tambien mucho soneto, y en narrativa microrrelatos o microficciones. El soneto y el microrrelato me exigen una brevedad que me desafía y veo que el haiku tambien. Gracias por lo que puedas hacer por mí. TE mando un gran abrazo desde Catamarca. Rodolfo Lobo Molas

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    1. Buenas tardes, Rodolfo.
      Muchísimas gracias por tus palabras y por seguirnos. Creo recordar que ayer te uniste a nuestro grupo privado de retos, donde vamos proponiendo iniciativas para componer haiku y también como opción a ser seleccionados para su publicación en nuestra revista de haiku, Hotaru.

      Actualmente no tenemos capacidad para realizar revisiones, correcciones o informes de lectura de las obras que nos enviáis. Pero siempre puedes contactarnos y enviarnos tus obras para su valoración para Hotaru. Nuestro equipo las revisará y si encaja en nuestra línea editorial se te informará cuándo se podría publicar.

      Te dejo por aquí el enlace con las bases para enviar colaboraciones: https://lasendadelhaiku.com/bases-para-colaborar-en-hotaru/

      De nuevo, mil gracias por compartir tu tiempo con nosotros y por dedicar tu creatividad al haiku.
      Que tengas una muy buena semana.
      Un abrazo.

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      1. Avatar de Rodolfo Emilio Lobo Molas
        Rodolfo Emilio Lobo Molas

        Querido Antonio. Muchas gracias por responderme!! Advierto que sos de España. Yo puse mi provincia Catamarca, pero pensando qud eras srgentino como yo. Si, despues que te escribí descubrí el grupo privado. Yo te mandaré algunos de mis trabajos y ojalá sean haikus y no otra cosa. Pero así iré aprendidndo. Gracias otra vez

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