Aunque ya hemos abordado la definición de haiku en varias ocasiones, tanto en distintas plataformas como en los eventos que hemos convocado, nunca habíamos escrito una sección en nuestra página donde describiésemos qué es el haiku y cómo lo percibimos tras los años que llevamos recorriendo el camino, escribiendo haiku, traduciendo obras de autores y autoras japonesas y convocando un gran número de eventos e iniciativas creativas en torno a esta forma poética.
Quizá, dado que ya existen muchas páginas y sitios donde se pueden consultar distintas definiciones y propuestas para el haiku en español, no considerábamos necesario crear un espacio similar. Sin embargo, tras la alta participación en las últimas convocatorias que hemos organizado y el acercamiento, cada vez mayor, de perfiles más jóvenes y de poetas consagrados que intentan dar sus primeros pasos en la senda, pensamos que es necesario crear un espacio en el que podamos exponer nuestra visión del haiku en español y aclarar algunas cuestiones que se siguen a rajatabla y que, en nuestra opinión, son un obstáculo para la correcta comprensión y desarrollo de esta forma poética.
El haiku no es un poema de diecisiete sílabas organizadas en tres versos con métrica 5-7-5. Es mucho más.
Esto es lo que queremos exponer a continuación.
1. La naturaleza y nuestro vínculo con ella
El haiku es un poema que desciende del hokku (発句), un verso que, tradicionalmente, abría la secuencia de poemas encadenados (renga) y que se utilizaba para dar el contexto en el que se iba a desarrollar dicha composición colectiva. Normalmente, esta introducción al poema la realizaba uno de los poetas más experimentados o que contaba con más respeto entre los presentes.
A modo de vínculo con el momento en el que se celebraba aquella composición en grupo, el maestro que introducía el verso solía hacer una referencia a la estación en curso y, en ocasiones también hacía un guiño al anfitrión del evento o se autodespreciaba simbólicamente. Con el tiempo, el hokku se fue desarrollando como poema autónomo, dotándolo de un peso poético claro y de una entidad literaria propia.
Es en ese origen y en la tradición poética japonesa donde el haiku se desarrolla como poema fuertemente ligado a la naturaleza y a la condición humana como parte de la misma. Así, el haiku debe tener siempre la naturaleza presente y debe buscar en ella el elemento detonador de la emoción que nos conecta con el ciclo vital de las estaciones, lo cual nos permite vincular nuestra percepción y sensibilidad con la del resto del mundo.
Por tanto, no olvides incluir una referencia al mundo natural.
El haiku no es poesía abstracta, busca reflejar lo concreto permitiendo siempre un espacio para la reflexión y la sugerencia. No te centres solo en hablar de lo bonito, todo tiene cabida en el haiku.
Muestra tu entorno, no lo expliques.
2. Sin juicios, ni moralejas o acertijos
Es frecuente encontrar algunos intentos de haiku en los que se busca la ocurrencia o el juicio sobre la imagen que se observa. En otras ocasiones se intenta escribir de forma que el lector pueda encontrar moraleja en el poema; incluso es frecuente encontrar, principalmente cuando viene acompañado de una imagen, un verso que se aproxima más a un acertijo.
Esto puede estar motivado por el ego poético, ¿quién sabe?
A menudo, si nos dejamos llevar y buscamos sentirnos protagonistas de la escena, acabamos escribiendo versos que, aunque siendo de una calidad poética superior, se alejan mucho de la esencia del haiku.
Es por eso que si analizamos algunos trabajos críticos de haiku, podemos llegar a entender que el YO no tiene cabida en el haiku. Pero eso no es del todo así. Lo que no puede hacer el yo es comerse la escena. Esto es lo importante.
El haiku no busca enseñar nada ni ser una fuente de aprendizaje, refleja lo que pasa a nuestro alrededor sin opinar sobre ello. Esto no quiere decir que no podamos sentir sobre lo que ocurre, la emoción sí puede formar parte del haiku.
Intenta evitar adjetivos sobre eventos naturales o dotar de humanidad al entorno. Los adjetivos valorativos suelen quitar valor al haiku.
Si te dejas llevar por el ego poético, el haiku se descompone.
Quizá pienses que hay haikus clásicos de los que se han extraído enseñanzas o que parecen ocultar mensajes que solo algunos sabios son capaces de descifrar. Aquí te recuerdo las palabras de Shiki sobre el famoso haiku de la rana de Bashō: «quizá el poeta solo estaba describiendo cómo la rana saltaba al viejo estanque y nada más».
Por último, es frecuente intentar escribir haiku apoyados en una imagen. Eso no es un error. El error está en que si eliminamos la imagen y dejamos de saber sobre qué escribimos, lo que hemos creado no es un haiku, es un acertijo. La imagen es un complemento opcional, no necesario.
3. Huye de enumeraciones: mejor una sola pausa.
Uno de los elementos clave del haiku es la pausa (o cesura), conocida como kire (切れ), que nos permite marcar el ritmo del poema y otorgar la debida importancia a los elementos que se describen. Es en la vacuidad del silencio donde el poeta, y también el lector, encuentran el espacio suficiente para dar vida a la escena y crear los vínculos entre los elementos que permiten reconstruir la realidad descrita. El kire no es una mera pausa, es la unión necesaria entre las dos ideas que dan sentido al poema. A estos silencios, pausas o tiempos de «espera», se les llama ma (間).
En japonés, existen palabras concretas para realizar dicha pausa, conocidas como kireji (切れ字) que, literalmente, se podría traducir como «palabras de corte». Y cabe destacar que no existe una relación directa entre estas palabras y una traducción concreta el español. Lo que sí es frecuente ver es que, dependiendo de cuáles encontremos en japonés, la traducción suele ser reemplazadas por dos puntos (:), un guion largo (—), puntos suspensivos (…), exclamaciones (¡!), interrogación (¿?)…
Los kireji más frecuentes que se suelen apreciar a simple vista en el haiku que nos llega desde Japón son:
- か (ka): indica una pregunta cuando aparece al final de un verso.
- かな (kana): normalmente aparece al final del poema para indicar asombro ante algo (suele traducirse por exclamación o puntos suspensivos).
- や (ya): esta palabra suele cortar el poema en dos partes, invitando al lector a profundizar en ese vacío que deja entre dos ideas.
Pero recuerda que el exceso de pausa rompe el haiku (y cualquier poema). Tenlo muy presente porque es habitual encontrar versos que en un intento de condensar la mayor información posible sobre una escena, acaban convirtiéndose en una lista similar a las que marcamos cuando vamos a hacer la compra:
Nubes ✔️
Canto de pájaros ✔️
Brisa fría ✔️
En el haiku, la estructura más común es la de la yuxtaposición o «enfrentamiento» de dos ideas. No se recomienda incluir más de dos ideas en un poema porque da la sensación de que se vuelve totalmente inconexo.
A la técnica estética de yuxtaposición de dos ideas en el arte japonés, muy utilizada en el haiku, se la conoce como toriawase (取り合わせ). Es importante que las ideas se complementen y sumen. Describir tres elementos que vemos o sentimos ante nosotros rompe toda estética en el poema.
En español, nos apoyaríamos de los elementos descritos anteriormente para conseguir ese efecto de pausa:
- Dos puntos (:) permiten dar explicación de la primera idea o describir qué la provoca (esto permite ahorrar palabras en nuestra composición).
- Guion largo (—), permite que una parte sea el detalle de la otra.
- Punto (.), nos permite alejar la vista para fijarnos en los demás detalles.
- Otros elementos que se pueden utilizar pero es complicado de emplear sin romper el ritmo del poema es la «y» o la «o» al final de un verso, lo que permitiría crear cierta tensión hasta concluir con la línea siguiente.
- La exclamación (¡!) en torno a un verso, o dos versos, para dar fuerza y emoción a la idea que representan.
- La interrogación (¿?) para trasladar una duda o desconcierto.
4. El kigo: referencia a la estación y economía del lenguaje
Destacábamos en el punto 1 la relación con la naturaleza en el poema. Esa relación la encontramos en el kigo (季語), término estacional que nos permite identificar en qué momento del año ocurre la escena que nos describe el haiku. Este término es de vital importancia no solo por la ubicación temporal, sino porque cada una de estas expresiones ha ido evolucionando a lo largo de los años, adquiriendo un significado y un peso poético que nos permite, además, anticiparnos a lo que el poema nos muestra, e incluso intuir estados de ánimo que, sin ese conocimiento previo del significado propio del kigo, nos pasarían desapercibidos.
Es por esto que, para comprender correctamente un haiku, es necesario tiempo de lectura y estudio. El poeta de haiku no solo lo escribe. Uno es haijin desde el primer momento en que lee un haiku y se esfuerza por comprenderlo.
En nuestro kiyose (季寄せ) podrás encontrar cientos de elementos adaptados a nuestro idioma, además de ejemplos de su uso en haikus escritos por autores de habla hispana así como en haikus traducidos desde el japonés:
https://lasendadelhaiku.com/kiyose/
Este recurso poco a poco se va convirtiendo en un saijiki (歳時記), pero como aún queda mucho camino por recorrer hasta ese momento, lo seguimos tratando en la categoría de kiyose.
La diferencia entre kiyose y saijiki es que mientras el primero es solo una colección de términos estacionales agrupados por estaciones y categorías, el segundo incluye una descripción de cada término, cómo se usa en haiku, qué significados poéticos tiene o se le han dado en la historia, además de algunos haikus de ejemplo.
Volviendo al kigo, es importante que comiences a ver este elemento en tu haiku como el núcleo que da sentido y que nos sitúa en el momento en el que ocurre la escena que intentamos atrapar.
Si usas «cigarra» ya estás evocando el verano, el calor intenso, su sonido estridente y hasta su vida breve. No necesitas usar más palabras para referirte al calor, a menos que realmente sean necesarias para comprender el haiku.
Otro ejemplo claro podría ser «nieve». Es frecuente encontrar haikus que hablan de nieve, que dicen que es blanca, que nos describen el invierno o que todo está helado. La nieve ya implica todo eso. Si quieres dar algún detalle sobre la nieve, intenta captar algo que no esté implícito en ella.
Intenta optimizar el lenguaje y dar espacio a otros muchos detalles que quedan fuera porque nos perdemos en las redundancias.
5. Nada de metáforas o lirismos complejos
Es frecuente encontrar versos donde las florituras del lenguaje lo ocultan todo, creando un poema ambiguo e indescifrable que no nos permite aproximarnos a la realidad. Quizá esto se deba a que la enseñanza de la poesía, desde los primeros años de educación, se centra en recursos que priorizan el uso complejo del lenguaje: metáforas cuyo sentido queda en duda o explicaciones de versos tan volátiles como el humo. Este sinfín de variables hace que, a menudo, la mayoría de las personas huyan de la poesía.
Ese mismo motivo es, quizá, el que hace que muchas otras personas se acerquen al haiku. Su simplicidad y su lenguaje directo son los que nos permiten sentir la poesía como algo más humano y menos etéreo. El haiku no busca que el autor demuestre lo bien que escribe, sino que el lector pueda vivir y sentir lo que el poeta vivió y sintió.
La estética del haiku viaja hacia lo descriptivo, a lo real. Hablar del cálido abrazo de la mañana, o el sonido afilado de una voz… puede ser propio de la poesía occidental, pero no funciona en el haiku.
Más allá de las metáforas (que suele ser la primera piedra con la que tropiezan muchos y muchas poetas consagradas cuando se inician en el haiku), debemos tener cuidado con las personificaciones, el hipérbaton, la sinestesia, la metonimia, el oxímoron, la alegoría…
La rima es otro elemento que no cabe en el haiku. Por un lado, por lo forzado que resulta; por otro, por extensión de su origen nipón. En japonés, dado el reducido número de sílabas, la rima es algo tan simple de obtener que se consideraría torpe utilizarla (o buscarla) en un haiku.
En resumen, recuerda que el haiku es una ventana al mundo y que busca ser comprendido por toda persona que sienta interés por el poema.
Ahora bien, como en todo arte, dependerá del conocimiento y el estudio del haiku el significado que tus versos puedan despertar en cada lector o lectora.
6. Cuida el ritmo: persigue la musicalidad natural del lenguaje
Este punto puede ser el que más conflicto genere en quien lleve poco tiempo escribiendo haiku o en quien lo haga desde una perspectiva cerrada y occidentalizada. La métrica suele ser motivo de discusión entre quienes escriben haiku; incluso los hay que, antes de leer el poema, cuentan sus sílabas. Esto es ridículo.
El haiku es mucho más que una métrica fija (teikei, 定型). Gran parte de los haikus escritos en japonés a lo largo de los siglos no siguen el patrón estricto que en Occidente se ha aceptado a ciegas. Esta rigidez proviene de las ideas ultraconservadoras que Takahama Kyoshi (高浜 虚子) impuso a través de la revista Hototogisu, en su labor por «dignificar» y alejar cualquier innovación o influencia externa de una forma poética que consideraba puramente japonesa.
Pero nada más lejos de la realidad. La forma fija 5-7-5 no es inamovible, y obviarla ha permitido un desarrollo del haiku inmensurable. No tiene sentido etiquetar un haiku como «clásico» o «moderno» solo por su fidelidad a esa métrica. ¿Qué es el haiku clásico o moderno en español, si llevamos apenas un siglo escribiéndolo? Deja las etiquetas a un lado. Al final, sea moderno, antiguo o vanguardista, es haiku.
¿De dónde viene entonces esa estructura y por qué no tiene sentido mantenerla en otros idiomas? Aquí es donde entra en juego la propia naturaleza del lenguaje y la diferencia en el tiempo de pronunciación de cada sílaba (o mora, en japonés). No es lo mismo el tiempo que tardamos los hispanohablantes en pronunciar una sílaba que el que emplea un japonés. Esto se extrapola al número de unidades necesarias para crear una unidad de sentido «completa» para el oído en función de la lengua materna. Así lo recoge Konishi Jin’ichi en su obra History of Japanese Literature, donde indica que la estructura de doce unidades (el ritmo shichi-go) es la ideal para el oído japonés.
En cambio, si analizamos la lírica y las canciones en español, observamos que nuestra estructura natural es el octosílabo, aunque otras formas reconocidas prefieran versos más extensos, como el endecasílabo. ¿Cabría pensar que la extrapolación natural de la forma del haiku al español podría ser una estructura 8-11-8? Es algo que me he planteado durante años, especialmente teniendo en cuenta que en japonés no se usan determinantes y que, en español, omitirlos suele generar una sensación de ruptura en la fluidez de la lectura.
Más allá de esos formalismos, en japonés existen infinidad de haikus que rompen con esa estructura. Versos de Bashō, algunos que superan las 20 moras. Y otros tantos versos muy por debajo de las 13 sílabas; como algunos de Hōsai que apenas tienen 9.
La forma no determina el haiku.
La métrica no determina el haiku.
Partiendo de esto, sí podríamos decir que la estructura 5-7-5 es una buena referencia para no irnos por las ramas. Es una buena referencia para aprender y para empezar a recorrer el camino. Pero no es una condición necesaria e inamovible para componer haiku.
Algunos autores y autoras sostienen que si rompen esa estructura, escribir haiku es muy fácil. Pues bien, hagámoslo fácil. El haiku no es un poema cuya naturaleza busque complicarnos la existencia. Su función es la expresión en su forma más pura. Nadie sabe cuántas sílabas va a necesitar cuando una escena le conmueve. ¿Puede pulir su verso después? Por supuesto, cada poeta tiene el deber de cuidar y mejorar siempre sus poemas.
Es común leer argumentos de poetas occidentales que dicen algo como: ¿entonces, también permitimos cambiar la estructura del soneto?
En occidente necesitamos que nos midan, nos etiqueten, nos clasifiquen y nos enumeren cada una de las características que distingan cada tipo de poema. Y una herramienta indiscutible que se usa es la métrica porque toda la poesía occidental está clasificada en torno a eso. Sin embargo, tras años de estudio, hemos podido comprender que en Japón no es así. Más allá de la estructura está la esencia. Para que te hagas una idea, tanto el senryū, el zappai, el jisei, entre otros, tienen en común la métrica. Pero se diferencia por su contenido, por su intención y por su naturaleza interna.
Una definición de haiku que rompe con las típicas formas occidentales de descripción podría ser:
El haiku es un poema que atrapa un evento que nos estremece y que crea un nexo de unión con nuestro entorno a través del tiempo.
A partir de ahí, céntrate en cuidar la forma de tu poema.
Estéticamente, por simetría y ritmo, parece que atrae más la forma:
#####
#######
#####
Pero cualquier otra forma está aceptada siempre y cuando tu poema tenga sabor a haiku. Lo que se conoce como haimi (俳味).
En japonés, existe un término para el haiku que no sigue una métrica fija (un ejemplo de poemas de este tipo podrían ser los de Ozaki Hōsai (尾崎 放哉) o antōka Taneda (種田 山頭火), entre otros): jiyuritsu haiku (haiku de metro libre). Y en la dualidad entre estructura y ritmo interno, caben descatar los términos:
- Gaizai-ritsu (外在律): Ritmo Externo. Es la estructura formal rígida (el molde 5-7-5). Es una musicalidad impuesta desde fuera.
- Naizai-ritsu (内在律): Ritmo Interno. Es el ritmo natural que nace de la propia emoción del poeta y del contenido del poema, sin forzarse a encajar en un conteo exacto.
En cuanto a la lectura del español, ten en cuenta que el cambio de verso esconde una breve pausa, por lo que no cortes una frase con un artículo o preposición que nos obligue a mantener una tensión innecesaria.
7. Permítete dudar, crea comunidad
El haiku es un camino que recorremos juntos, por lo que, si alguna vez dudas, pregunta. No tiene nada de malo dudar sobre la forma, sobre el contenido o sobre la propia belleza de nuestros versos.
Nunca dudes de la emoción que te provoca un instante, ni de aquello que te conmueve. Puedes dudar sobre el lenguaje o sobre la estructura, pero que nadie te arrebate la emoción que te ha llevado a escribir ese verso. Por eso, en una buena comunidad, es importante saber apreciar, antes de nada, qué sensaciones o emociones deposita el poeta en su haiku; solo tras ese paso debemos ayudar a mejorar el poema.
De nada sirven frases como «eso no es haiku» o «eso no se entiende», ni tampoco elogios vacíos como «es perfecto» o «un haiku inigualable», si no nos paramos a pensar en qué hay tras esos versos. Es muy posible que tras un «eso no es haiku» haya una mente cuadriculada que ha contado sílabas antes de leer el poema. También es posible que tras un «eso no se entiende» se oculte una mirada opaca, incapaz de sentir empatía. Lo mismo ocurre con los elogios desmedidos que no profundizan en la obra.
Una comunidad sana de haiku debe luchar (y sí, digo luchar) por mantener la armonía y el amor por esta forma poética; debe aportar soluciones y no crear problemas. Nadie nace sabiendo y cada persona recorre el camino al ritmo que puede. Así, en nuestra noble tarea de componer y seguir creando historia del haiku en español, existe el deber de apoyar a quienes nos encontramos en el camino desde la comprensión y el respeto.
En ocasiones, la gente no quiere recibir consejos ni correcciones, y también está en nosotros comprender eso. Pero si alguien duda y expone abiertamente sus cuestiones, es nuestra responsabilidad compartir nuestras experiencias y sugerencias desde la generosidad.
8. Escribe sin prisas
El haiku no es una carrera que busca la meta, es el camino mismo.
Da la sensación de que, al ser un poema breve, se puede escribir de forma tan rápida que nos permitiría componer uno tras otro sin siquiera pararnos a pensar en qué estamos haciendo.
Por lo general, si el haiku lo tienes en la punta de la lengua (o de los dedos, como es en este caso), es tu deber escribirlo. Pero si te encuentras ante un reto de escritura creativa o una idea que te ronda la mente, pero no sabes muy bien cómo abordarla, ahí es donde tienes que poner todos tus esfuerzos en trabajar el poema.
Trabajar el haiku no consiste únicamente en poner en palabras próximas a una métrica fija lo que te ronda la cabeza. Consiste en atrapar la esencia de la idea y crear un vínculo sobre el papel para que un futuro lector o lectora pueda conmoverse con lo mismo que tú. Capturar el instante en papel puede ser solo un segundo; escribir el poema ideal para ese instante puede llevar días de trabajo.
Cada poeta tiene sus tiempos de reposo y reflexión. Encuentra los tuyos y verás cómo tus haikus adquieren un color y un sabor únicos.
9. Busca lo propio y lo local
Solemos encontrar japonismos en los haikus: el uso de expresiones o términos de los que nos apropiamos para decir lo mismo que podríamos expresar en nuestra propia lengua.
Seguro que habrás visto algún sakura en lugar de «cerezo» o «cerezos en flor». Cabe pensar que usar estos japonismos dota al haiku de un mayor acercamiento a Japón. Sin embargo, al lector lo desubica. Además, musicalmente, en nuestro idioma funciona mejor «cerezo» que sakura y, curiosamente, tienen el mismo número de sílabas. Por lo tanto, no existe una explicación técnica, sino una mera apropiación del término para intentar hacer más exótico el poema.
También es frecuente que nuestros haikus hablen de cosas que nunca hemos visto o que jamás hemos sentido. Este es un riesgo que puede desembocar en uno de los errores más catastróficos del haiku: la mentira.
Céntrate en ti, en tu experiencia, en tu entorno y en tu circunstancia actual. Deja para los demás lo de los demás.
10. No mientas en el haiku
Cuando decimos que el error más catastrófico del haiku es la mentira, no queremos decir que no puedas crear una escena basándote en la experiencia. Pero, por favor, no crees escenas de fantasía donde una lagartija se exponga al intenso sol del invierno. Tampoco me hables de la flor de cerezo en el atardecer de otoño, ni de la rana que soporta el granizo.
Este tipo de imágenes, que en ocasiones suelen responder a la necesidad de describir o escribir bajo una fotografía o una escena idílica que busca retratar un mensaje de superación o de crueldad de la naturaleza, solo provocan rechazo en quien lee el verso.
Las mentiras se detectan, y cuanto más claras son, más rechazo provoca el poema.
El haiku debe ser un poema sincero y puro. De ahí que se suela decir que escribas haikus con los ojos de un niño (hay quien diría que escribas como si estuvieras borracho)… Sea como sea, escribe desde la más profunda sinceridad y la consciencia plena de lo que puede ser y de lo que no.
El haiku nace de ese asombro genuino, de un golpe conmovedor de realidad, del aware (哀れ). Sé fiel a eso, y tendrás un buen haiku.
Referencias y obras de interés
- Rodríguez-Izquierdo y Gavala, Fernando. El haiku japonés: Historia y traducción. 2.ª ed., Ediciones Hiperión, 1994.
- Haya, Vicente. Aware: Iniciación al haiku japonés. Editorial Kairós, 2013.
- Luayza, Santiago Kō Ryū. Haiku Do: Las fuentes de un Camino religioso. La senda del haiku, 2025.
- Hotaru. Edición de La senda del haiku, núms. 1-8, 2023-2025, https://lasendadelhaiku.com/hotaru/
- Masaoka, Shiki. Haikai Taiyō. Traducido por La senda del haiku, La senda del haiku, en preparación.
- Hekigotō, Kawahigashi. Compendio de la nueva tendencia. Traducido por La senda del haiku, La senda del haiku, en preparación.
- Keithly, Paige, Harold T. Edwards, y Angela N. Burda Riess. «Speech Breathing Patterns in Speakers of Different Native Languages». Perspectives on Gerontology, vol. 11, n.º 1, 2006, pp. 19-22. ASHAWire, https://doi.org/10.1044/gero11.1.19.
- Ota, Seiko, y Elena Gallego. Kigo. La palabra de estación en el haiku japonés. Ediciones Hiperión, 2013.
- Taneda, Santōka. El monje desnudo: 100 haikus. Traducido por Vicente Haya, Akiko Yamada y José Manuel Martín Portales, Miraguano Ediciones, 2006.
- Blyth, Reginald Horace. Haiku. Hokuseido Press, 1949-1952. 4 vols.
- Declaración de Matsuyama, 1999.
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