Kawahigashi Hekigotō

Kawahigashi Hekigotō (河東碧梧桐), cuyo nombre de nacimiento fue Kawahigashi Heigorō(河東秉五郎), nació en 1873 en Matsuyama (prefectura de Ehime), en el distrito de Chifune. Su padre, Kawahigashi Kiyoku, fue un erudito confuciano de alto rango, un hombre cuya vida estaba dedicada al estudio de los clásicos chinos y a la ética del Kangaku. Este detalle es de vital importancia para comprender la evolución vital del autor.

La educación temprana en los clásicos y la rigidez intelectual tuvo un fuerte impacto en el joven Heigorō. El confucianismo no solo le aportó disciplina, sino que le inculcó una reverencia por la palabra escrita y una comprensión de la literatura como un vehículo para la verdad moral y filosófica. Esto, le permitió desarrollar una actitud crítica y analítica muy superior a la de sus contemporáneos, permitiéndole teorizar y construir unas bases sólidas a partir del análisis de la estructura del haiku desde una perspectiva profundamente académica fuera de lo habitual para la época. Esta formación, también sería la semilla que mucho más tarde haría desarrollar su interés por la caligrafía.

A finales del siglo XIX, y sin que los protagonistas que ahora se citarán a continuación lo supieran, Matsuyama se convirtió en la cuna de unos movimientos literarios que acabarían transformando para siempre el haiku japonés. Y en ese contexto de renovación y creación literaria, creció Hekigotō.

Fue en Matsuyama donde el poeta conoció a Takahama Kyoshi. Pero no fue un encuentro casual, sino que su relación nació como una amistad verdadera a partir de compartir estudios en el mismo curso y colegio. Incluso fue gracias a Hekigotō que más tarde, Kyoshi conoció al maestro Masaoka Shiki.

Esta relación que citamos es verdaderamente interesante. En ella confluían una fraternidad absoluta y una rivalidad sin igual que perduró hasta el final de sus días.

Ambos, Hekigotō y Kyoshi, fueron fieles discípulos de Shiki. Y en sus primeros años como poeta de haiku, Hekigotō absorbió y desarrolló la teoría del shasei que su maestro desarrolló y adaptó a través de sus influencias de occidente. Cabe destacar que este primer comienzo en el haiku dista mucho del mensaje y el legado que dejaría para la posteridad.

Cuando comenzó sus estudios universitarios, en 1893, se trasladó a Kioto. Sin embargo, su atracción por la literatura y la influencia de Shiki fueron mucho más fuertes que la promesa de una carrera burocrática o de académico convencional. Así, un año más tarde, acabó abandonando sus estudios para trasladarse, junto a Kyoshi, a Tokio para unirse al entorno del maestro Shiki. Este momento, fue el que determinó la evolución poética del autor.

Durante los años siguientes, hasta la muerte del maestro, Hekigotō vivió en proximidad su constante sufrimiento mientras la tuberculosis lo consumía. Esto, le hizo comprender que el haiku debía ser algo más que un simple decorado, que una mera captura de la escena tal y como pasa ante nosotros (igual para todo el mundo que la mire). Sintió que el haiku debía contener la urgencia de la vida y la muerte. Y aunque al principio colaboró en la sección de haiku (revisando y seleccionando obras) de la revista Hototogisu, acabó asumiendo el papel de Shiki como responsable de la columna de haiku en el diario Nippon, que por aquel entonces era una de las voces públicas más influyentes del haiku.

Los últimos días de vida de Shiki pasaron ante los ojos del poeta. Narró Hekigotō en uno de sus relatos, cómo fue ese último momento en el que el maestro escribió sus tres haikus de la lufa previos a su muerte.

Tras la pérdida del maestro, Kyoshi y Hekigotō heredaron sendas columnas de haiku. El primero, en Hototogisu, el segundo en el diario Nippon, convirtiéndose en los legítimos herederos del movimiento de haiku que Shiki había iniciado.

Sin embargo, dado que en ese momento Kyoshi se alejó del haiku para dedicar sus esfuerzos e intereses a la novela; Hekigotō se vio solo en la vanguardia de la poesía. Y así, en esa soledad silenciosa, surgió una crisis creativa que dio lugar a uno de los movimientos más liberadores y renovadores del haiku: «La nueva tendencia del haiku» (shin-keikō haiku [新傾向俳句]).

Poco a poco, el shasei acabó convirtiéndose en una fórmula estéril y sin alma. ¿Qué sentido tenía copiar, sin más, la naturaleza? Hekigotō sintió la obligación de lanzarse a reformar el haiku más allá de donde Shiki lo había dejado. Así, a partir de 1905, sin la referencia del maestro, Hekigotō comienza a dar forma a un nuevo paradigma apoyado en su descontento del haiku. Argumentaba que la adhesión ciega al formato de 5-7-5 sonidos, las 17 moras, y la obligación del kigo suponían una asfixia de la expresión poética. De esa forma, comenzó a desarrollar una especie de simbolismo subjetivo a partir del impresionismo objetivo del shasei. La simple representación de la naturaleza era algo que cualquier persona podría imitar. Por eso, él buscaba una forma de dotar de voz propia a los haikus, de crear esencia e impronta en sus versos; de forma que la representación de la naturaleza ahora tendría una mirada propia: «representar el entorno a través de la mirada propia y los sentidos del poeta«.

Aquí ya nos encontramos ante una ruptura total con una idea de haiku que se extendió por los principales círculos. Pasamos de un haiku fijo e impersonal, a un haiku libre, sin ataduras y que permitiría dejar constancia tanto del entorno como de las emociones del poeta.

赤い椿白い椿と落ちにけり
Akai tsubaki shiroi tsubaki to ochinikeri
Camelia roja y
camelia blanca
han caído.

Kawahigashi Hekigotō

Con este poema, Hekigotō demuestra que domina a la perfección el shasei pero que le importa poco romper algunas de las reglas del haiku para la economía de las palabras. No le importa repetir la palabra tsubaki. Este haiku, además, está cargado de incertidumbre porque el poeta ya encuentra ambas flores en el suelo. Pero él las ordena: las rojas, las blancas también… Quizá porque sus ojos, su visión personal, fueron primero a las rojas, luego a las blancas, y creó su propio orden de acontecimientos. Así, parece dotar a esa imagen inmóvil de flores en el suelo de un movimiento ascendente que nos hace imaginar la flor en su tallo. Además, cabe destacar que se olvida del kireji (de esa palabra de corte típica como el ya o el kana).

Así, en su regreso a Tokio, terminó de desarrollar una teoría que formalizaría esta ruptura con la tendencia anterior: Muchūshin-ron (無中心論), lo que vamos a llamar Teoría del No Centro. Esta nueva representación, choca de lleno con el «haiku tradicional» cuya construcción giraba en torno a su «centro» de gravedad, generalmente vinculado al kigo o a una imagen predominante en torno a la que se elaboraba el poema.

Así, Hekigotō argumentaba que, puesto que la percepción humana es un flujo desordenado, el haiku también debería reflejar esa ausencia de orden, una ausencia de centro, para capturar la experiencia antes de que el intelecto genere el patrón de las 5-7-5 sílabas.

Se podría decir que Hekigotō fue el padre intelectual del haiku de verso libre (Jiyūritsu haiku, 自由律俳句), aunque hoy en día sea algo que se le atribuya de forma casi indiscutible a Santōka u Hōsai.

Hekigotō fundó la revista Kaikō en 1915 para consolidar su movimiento. Y fue en sus páginas y en las revistas predecesoras donde se gestó el verdadero verso libre.

En 1917, Hekigotō escribió:

«Cualquier intento arbitrario de moldear un poema en el patrón de sílabas 5-7-5 dañaría la frescura de la impresión y mataría la vitalidad del lenguaje… Esto pronto nos llevó a destruir la forma de verso fijo y a ganar la máxima libertad de expresión.«

Desde 1905 y hasta pocos años antes de su muerte, dedicó sus esfuerzos a viajar por Japón para extender su visión de hacer haiku. Movimiento revitalizador que se vio confrontado directamente por el resurgir de los movimientos más conservadores (que habían quedado en un extraño vacío) con el regreso al haiku de Takahama Kyoshi quien, desde Hototogisu y alarmado por la deriva destructiva que su antiguo amigo había emprendido, contraatacó para proclamar el retorno de la tradición: forma fija, kigo y objetividad descriptiva.

La vida acabó llevándolo por Europa, Estados Unidos, China y Mongolia. Esto viajes fueron decisivos también en su visión de ver el haiku, más universal, más abierta al mundo y no tan cerrada a las convenciones y tradiciones japonesas.

Continuó su trabajo en el haiku hasta que a los 60 años, en 1933, sorprendió al mundo de la literatura anunciando su retiro formal de los círculos del haiku, declarando que ya había llevado desarrollado su visión de esta forma poética tan lejos como era posible. Así, con su retirada, la renovación y la nueva tendencia del haiku dejó un importante puesto vacante y que no se suplió, lo que podría explicar por qué la forma dominante del haiku, la más reconocida y a veces defendida con cierto fanatismo es la que acabó dominando la escuela conservadora de Takahama Kyoshi, dejando la rama de estilo de Hekigotō como algo vanguardista cuando, en realidad, tuvo un desarrollo teórico formal anterior al planteado por Kyoshi.

Cabe aclarar que las nuevas tendencias del haiku, un paso más allá de lo propuesto por Hekigotō. De forma que no tuvo una escuela debidamente constituida y preservada, sino que su trabajo se convirtió en un detonante hacia los nuevos planteamientos del haiku, que buscaban la total libertad y ruptura con la tradición que se imponía en Hototogisu. Aquí, cabrían destacar nombres como el de Ogiwara Seisensui quien se convirtió en estandarte del verso libre y el rechazo al kigo, Nakatsuka Ippekirō, quien formalizó su propia desviación rechazando completamente el shasei por parecerle insuficiente, Santōka con un estilo rompedor en cuanto a métrica, rima y tema; Hōsai quien definió su propia forma, lejos de las convenciones… Así, el legado de Hekigotō nos llega dividido en diferentes tendencias (quizá, lo que provocó que no se consolidaran hasta después de la Segunda Guerra Mundial).

Los últimos años de vida, el poeta los dedicó a la caligrafía, rompiendo también con algunas tendencias establecidas. Y además, practicó la danza Noh, mostrando que su innovación en todas las artes no nacía de un desconocimiento de la tradición, sino de un dominio tan profundo que le permitía llevarlas a otro nivel.

Falleció el 1 de febrero de 1937 en Tokio, con 63 años debido a una complicación de una gripe.

Su enorme legado nos invita a estudiar la tradición, a dominar el haiku (o cualquier arte) y a atrevernos a romper cualquier barrera.

Algunos de los haikus de Kawahigashi Hekigotō traducidos en nuestra web:

燕の古巣を見るや知恩院 – 河東碧梧桐

En Chion’in
contemplo el viejo nido
de una golondrina.

Kawahigashi Hekigotō

弟よ日給のおあしはお前のものであつて夜桜 – 河東碧梧桐

Pequeño hermano
es tuyo
el dinero del jornal.
Cerezos en la noche…

Kawahigashi Hekigotō

ひたひたと春の潮打つ鳥居かな – 河東碧梧桐

Con suavidad
la marea de primavera
golpea el torii.

Kawahigashi Hekigotō

学問の稚子のすゝみや秋の風-河東碧梧桐

El joven aprendiz
avanza en sus estudios.
Viento de otoño.

Kawahigashi Hekigotō

蟹の食みし山葵と見する梅の宿– 河東碧梧桐

En la posada de los ciruelos
el wasabi parece
mordisqueado por un cangrejo.

Kawahigashi Hekigotō

Publicaciones en nuestra web donde podrás encontrar traducciones de sus haikus y artículos relacionados.

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